La idea de tener un niño en casa siempre llena de alegría a toda la familia, principalmente a los padres que estuvieron a la espera de él por nueve meses, el nuevo integrante llega a llenar de luz y nuevas emociones al hogar. Los cuidados no se hacen esperar y es que todos los padres han pasado la terrible experiencia de ver caer a sus hijos enfermos; ver a los niños cuando han perdido su #Salud es de preocuparse, les roba el sueño, la tranquilidad y no importa si es un malestar que tiene que dar por su edad o una simple gripe, a ninguno de los padres les gusta ver que su hijo no esté saludable.

Es por eso que, como es de esperarse, el instinto de protección sale a la luz y como padres responsables toman muchas medidas para evitar que sus hijos tengan alguna enfermedad, cuidan su alimentación, que tengan actividad física y todo lo que esté en sus manos para mantenerlos sanos y felices.

Pero cuando no solo es salud física o una gripe que se cura en tres días, sino se trata de salud mental que afecta al desarrollo de los niños, la situación no es tan simple, a pesar de que vivimos en una era en que la medicina ha avanzado tanto como la tecnología y la información. Paradójicamente, existe una nube de ignorancia sobre los padecimientos mentales que afectan al sano crecimiento de los niños, y lo que es un tanto más alarmante, la gente no sabe de los tratamientos y las instituciones que ayudan a que tengan una buena evolución.

 Las consecuencias de ignorar estos padecimientos, caen directamente en los niños, en su calidad de vida y es por ello que es necesario empezar a distribuir información.

El tema de nuestro interés es el autismo, uno de los trastornos del comportamiento del cual mucho hemos oído hablar, pero que no sabemos a ciencia cierta de qué se trata.

En 1943 el Doctor Leo Kanner definió al autismo como un síndrome de la conducta cuyos síntomas afectan al lenguaje, las relaciones sociales y los procesos del pensamiento en los primeros años de vida. Sin embargo, hoy en día no se habla de un autismo total, sino de alteraciones de espectro autista, es decir, trastornos que comparten síntomas con el autismo pero no en su totalidad.

El autismo no tiene características físicas visibles, así como sus síntomas son casi indetectables, un niño que padece autismo no se ve a simple vista. Por ello la búsqueda por un diagnóstico certero es pesada, el consultar a un sinfín de especialistas a veces hace desconfiar de la ciencia y entonces los padres buscan otra opción, ya sea desde remedios de chamanes, hasta medicina alternativa que promete la mejora del pequeño pero solo es un placebo para los padres.

El autismo, sin duda, es un trastorno que no tiene la difusión necesaria para la detección temprana de éste, tanto por parte de la medicina que aún no sabe qué es lo que lo causa, como de  los medios de comunicación que apenas están abriendo la brecha para dar a conocer todo lo que envuelve a este espectro. La información debe ser objetiva sin caer en la melancolía, se necesita crear conciencia para obtener tolerancia y así mejorar la calidad de vida de quien lo padece. #Padres hoy #ADN