El método de las pastillas consiste en la ingesta de un medicamento conocido como 'Misotropol', el cual es usado para combatir ulceras gástricas. Se hace una primera toma de cuatro pastillas y posteriormente otras dos tomas similares. Es un procedimiento en apariencia sencillo y sin grandes complicaciones. El fármaco provoca contracciones en el útero, el cual expulsa el producto del embarazo. Sin embargo, tomar estas pastillas implica síntomas en la paciente como vómito, diarrea y sangrado. Se recomienda permanecer al menos una semana en reposo y mantenerse en vigilancia constante. Nada fácil para alguien que busca resolver un problema para continuar después con su vida normal sin que nadie se entere de lo que paso.        

A pesar de poder tomar su decisión en total libertad, en el mejor de los casos, es evidente la presión social y familiar que recae sobre la mujer cuando tiene un embarazo no deseado. Un hombre puede fácilmente rescindir su paternidad, pues su cuerpo no está expuesto a ningún cambio, ni tendrá ningún tipo de alteración fisiológica o emocional.

Desde la distancia del género, resulta difícil entender cabalmente la situación por la cual atraviesa una mujer que decide abortar, cualesquiera que sean las razones. La chica de 35 años duda. Está segura de no querer otro hijo, pero teme como esta decisión pueda afectar posteriormente no solo su #Salud física, también su salud emocional y psicológica. “No es como extirparse un tumor”.

Ella quiere solucionar su problema lo más pronto posible; por eso decide cambiar de método; pues además dicen que con las pastillas hay un 80% de probabilidad de un aborto exitoso, esto deja las puertas abiertas a un 20% de incertidumbre que ella no quiere experimentar. El proceso por aspiración no tiene falla, es una intervención ambulatoria, la mujer sale el mismo día caminando, se recomienda no hacer ejercicio fuerte, pero en general puede seguir con su vida cotidiana. Salvo algunas prevenciones mèdicas.

“¿Cómo que no puedo ingerir alcohol en una semana?”, comentaba otra mujer en la clínica, según relata nuestra testigo. Mientras muchas pacientes se muestran visiblemente consternadas por la decisión que toman e incluso algunas melancólicas por ese ‘algo’ que pierden en un instante; otras solo quieren que todo termine rápido, para seguir con su vida como si nada.

 

En la clínica se atienden hasta 30 personas en día sábado. Las mujeres pasan una tras otra por una revisión médica general, un ultrasonido, una explicación sobre los métodos y, finalmente, la ingesta de pastillas o la plancha. Nunca les cuestionan sus motivos; el procedimiento es ya, para quienes trabajan en estas clínicas, una cuestión de rutina.  

“Sucede como en el seguro, hay tanta gente, pasando una tras otras, que el trato de los médicos muchas veces se deshumaniza”, comenta nuestra testigo y comenta que quizá podría pensarse, como ya se hace con los partos, en una especie de “aborto humanizado”. Consiente de la extraña contradicción que encierra la idea, ella guarda silencio y no se explaya más sobre el tema.

A pesar de ser una clínica privada, la demanda es tanta que para ser atendida una paciente requiere esperar aproximadamente dos o tres horas.  Sumando  el tiempo de los exámenes médicos y el proceso como tal, se requiere como mínimo unas cinco horas. Cuando todo termina ella está cansada, lo único que quiere es llegar a su casa y dormir, tratar de olvidarse un poco de todo. Mientras camina por las calles de la ciudad comenta sentirse impresionada por la cantidad de gente que acude a estas clínicas. “Y aún así la población sigue creciendo y creciendo. Es extraño”, comenta con un dejo de ironía.     #Crónica Ciudad de México #Sociedad Ciudad de México