Autora: Ana Hidalgo

¿Qué pensarías si de repente sientes sacudidas, palpitaciones, sensación de asfixia, mareo o fuerte malestar torácico?

Lo más seguro es que ante estos síntomas experimentes un intenso miedo a lo que te está sucediendo, incluso temas por tu vida y pienses que tienes un ataque cardíaco.

Pues bien, estos son algunos de los síntomas que suelen experimentarse cuando se tiene un ataque de pánico, pero no son los únicos.

El manual diagnóstico DSM-IV señala los siguientes criterios diagnósticos para poder denominar a este tipo de episodios como un ataque de pánico o crisis de angustia.

“Aparición temporal y aislada de miedo o malestar intenso, que se inicia bruscamente y alcanza su máxima expresión en los 10 primeros minutos, y que se acompaña de 4 o más de los siguientes síntomas:

  • Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca.
  • Sudoración.
  • Temblores o sacudidas.
  • Sensación de ahogo o falta de aliento.
  • Sensación de asfixia.
  • Opresión o malestar torácico.
  • Náuseas o molestias  abdominales.
  • Inestabilidad, mareo o sensación de pérdida de conciencia.
  • Sensación de irrealidad o de estar separado de uno mismo.
  • Miedo a perder el control o volverse loco.
  • Miedo a morir.
  • Sensación de adormecimiento y hormigueo.
  • Escalofríos o sofocos.”

Los ataques de pánico no son llamadas de atención hacia el exterior, sino que el malestar y miedo intenso de la persona que lo experimenta es vivido de forma real, y puede generar el cambio de hábitos y conductas hasta el punto de evitar situaciones cotidianas y quedar aislado de la realidad exterior.

De hecho, cuando los ataques de pánico tienden a repetirse, es frecuente desarrollar aversión hacia ellos, es decir, se puede generar miedo a tener otros posibles ataques, dado el gran malestar que generan.

Además, este temor tiende a asociarse con aquellas situaciones concretas en las que sucedieron los ataques de pánico previamente, lo que a su vez hace que estas situaciones se eviten y rechacen.

Por ello, es frecuente comenzar a sentir miedo ante situaciones en las que sería difícil escapar, o recibir ayuda médica si el miedo a morir vuelve a surgir, como son lugares concurridos, ascensores, conducir… De esta forma, poco a poco comienzan a evitarse más y más situaciones, pudiendo generarse agorafobia.

  

Entonces, ¿qué puedo hacer ante un ataque de pánico? Aunque a priori te parezca algo sumamente sencillo, existen 4 aspectos que te vendrá bien retener en tu memoria:

  1. Los ataques de pánico van acompañados de cambios fisiológicos que por lo general comienzan a remitir pasados 20 minutos, por lo que trata de aceptar tus sensaciones fisiológicas como algo temporal y pasajero.
  2. Recuerda que en un ataque de pánico el corazón se acelera y late con más fuerza, esto es todo lo contrario a una parada cardíaca.
  3. Puedes disminuir tus pulsaciones y otros síntomas practicando ejercicios de relajación y respiraciones profundas, también realizar otras conductas que te sirvan de distracción te ayudarán a calmarte.
  4. Si a pesar de estas sencillas técnicas, los ataques de pánico siguen apareciendo, te recomiendo que, a fin de paliar esta situación y evitar su agravamiento, acudas a terapia psicológica.

 

Afortunadamente, con el tratamiento adecuado, es posible conseguir que una persona deje de sufrir ataques de pánico de forma repetitiva, por ello, si la frecuencia de tus ataques de pánico crece, lo mejor que puedes hacer es invertir en ti, en tu salud, y acudir a profesionales autorizados. #Salud #Psicología #Medicina