Ha terminado por fin el famoso “Guadalupe-Reyes” Este maratón de glotonería y despilfarre presuntuoso que esperamos con tanto ahínco cada año y con ello llegan las terribles consecuencias en las chequeras de cientos de capitalinos, sin embargo y continuando con la modalidad de transformar toda conducta en un síndrome, las consecuencias no se ven reflejadas sólo en los adultos, sino también en los más pequeños de la casa.

El síndrome del niño “Hiper-regalado está dando de qué hablar ya que muestra una tendencia en los niños a reaccionar de forma indiferente hacia los juguetes que se le proporcionan en estas fechas decembrinas, o en cualquier otra celebración que involucre recompensar al niño.

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Pensemos por un momento en todas las condiciones que se le dan a los niños antes de la llegada de “Santa Claus” “El niño Dios” o los “Reyes magos”: Tienes que portarte bien, Debes dormirte temprano, haz tu tarea, y un sinfín de etcéteras para concluir con el obligado “o no te traerán nada”, simple y sencillamente los condicionamos a esperar una recompensa por las obligaciones que deben inculcárseles. Claro está que nadie nace sabiendo criar niños, sin embargo estas son tradiciones que no se rompen a pesar de conocer su efecto negativo en la infancia.

Seguido de esto y analizando más en profundidad, el mencionado “síndrome del niño hiper- regalado” no es nada más que la neurosis en infancia. Los seres humanos, según la propuesta psicoanalítica, necesitamos una falta que nos ayude a funcionar naturalmente en la búsqueda de satisfacer a la misma, recordemos que esta falta es simbólica por lo que responde a cualquier objeto, meta, circunstancia o situación, dicha falta constituye una clave básica en el desarrollo humano de la personalidad, cuando esta falta es rozada mínimamente el individuo experimenta cierta ansiedad que le provoca un incesante pensamiento de que pronto no existirá otra cosa porqué “luchar” o “seguir” por lo que inmediatamente genera una nueva falta.

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Cuando uno como padre cubre toda necesidad “material” del niño, elimina automáticamente su necesidad de desear, esto ya lo hemos escuchado, no obstante recae en directamente en su capacidad para compartir, apreciar lo que es nuevo y lo más importante: generar una nueva falta, trayendo consigo sentimientos de egoísmo, poca tolerancia a la frustración y la escases de herramientas para enfrentar los obstáculos e incluso los rechazos.

Lo más recomendable en este caso es escuchar al niño, pedirle que piense en la cosa que más le guste y le interese tener, hacerlo trabajar en su imaginación y preguntarle ¿Qué puede hacer con el objeto que desea? ¿Le durará mucho? ¿Realmente lo va a usar? ¿Puede usarlo para jugar con lo que ya tiene? De este modo el pequeño no sólo piensa con mayor detalle en algo que desea sino que busca los recursos que le ayudarán a incrementar su valor.

Quizá sea una tarea difícil y nadie dice que no se le compre nada a un niño cuando lo pida, pero ante todo recordemos que el exceso siempre trae resultados negativos, evitemos criar adultos caprichosos.

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#Familia #Psicología #Salud mental