Yo no conocí a mi abuelo materno, pero a través de mi mamá he llegado a saber de él, su humor, sus pasiones y su entrega. Mi abuelo tenía una frase que siempre compartía “es triste llegar a viejo, pero más triste no llegar” a él le tocó lo más triste, ya que no llegó a ser anciano, falleció antes de los 60.

Por suerte sí tuve la oportunidad de estar con mi abuela materna con quien compartí muchos domingos de películas que - tal vez - no eran aptas para ella, de estar con mi abuelo paterno con quien compartí muchos aburridos domingos de fútbol y ahora sigo disfrutando de las anécdotas de las servilletas dobladas de mi abuela paterna.

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Y es padre conocerlos, tener ese amor que pocas veces he sentido, un amor que es innato a esos viejitos que no hacen más que sonreírte y abrazarte. Esto lo comparo con aquellos que están solos y abandonados, esto me remonta a una experiencia que tuve hace algunos años al ir a un asilo.

Este asilo era muy particular, ya que casi todos tenían problemas psicológicos. No es fácil, yo sentí el golpe de esa realidad que ignoraba, que no tenía ni la más remota idea, pero que siempre había estado ahí, a la esquina de la calle donde se encuentra mi café favorito. Personas que necesitan afecto, que necesitan saber de sus hijos y de sus nietos, que te preguntan de ellos como si tuvieras la respuesta a su paradero.

Yo bien sabía que no les resolvería la vida, pero quería darles un ratito de dulzor y comenzamos a cantar, los otros chavos cantaban alabanzas, yo quería cantar algo de ellos que conocieran, que les trajera recuerdos lindos, de serenatas, de amores, de pasiones.

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Comencé a cantar "Mucho corazón al ritmo de Sussie 4", mientras a lo lejos comenzó el canto de una de las viejitas que con voz ronca sonaba a "Mucho corazón", pero al ritmo de Los Panchos.

Hace unos días navegaba en FB y en una de las noticias me encontré con una publicación de Escándala, una página de contenido para la comunidad LGBT+. Me llamó la atención porque por fin tenía buena ortografía y utilizaba los signos de puntuación de manera correcta, el mensaje ya denotaba seriedad al momento de comenzar a leer. Este mensaje acompañado de un video dan voz a Samantha Flores, una mujer de pasados los 80 años que ha estado involucrada en el activismo por mucho tiempo. Flores ahora se levanta por aquellos ancianos que pertenecen a la comunidad que se encuentran en desamparo, por no tener el respaldo de familia, que puedan ver por ellos y pagar los gastos que requiere alguien de su edad.

Samantha ha comenzado una campaña para recaudar fondos para crear la primer casa de día para el adulto mayor LGBT+ en toda América Latina, donde se dará apoyo a todos aquellos que están en situaciones de abandono y que requieren la ayuda que todo adulto mayor necesita, además de crear una familia, ya que al paso de los años y al no tener descendencia, se han quedado solos.

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Una gran causa que merece ser conocida, porque cada uno de nosotros ha tenido la fortuna de abrazar y conocer a sus abuelos, de saber que no están solos y que están protegidos, pero aquellos que se encuentran en situación crítica y con nadie que vea por ellos, es importante apoyar las causas que buscan ayudar al otro, para una sociedad mejor. #AbuelitoDimeTú #ViejitosUnidosJamásSeránVencidos #AbueleandoConAbueleanda