Por vincular al masaje con la prostitución y la trata de personas, se han desacreditado las terapias físicas (osteopatía y quiropráctica), además de poner en riesgo la #Salud musculo-esquelética de la población, afirma el terapeuta Adolfo Ramírez Jacint.

Tener su consultorio en la conocida calle de Tuxpan (No. 16, int. 206) en la colonia Roma, con recepcionistas y vigilancia, le ha permitido al terapeuta físico, Adolfo Ramírez Jacinto ganar la confianza plena de sus pacientes.

"Siempre estamos en una línea muy delgada, entre la salud y las malas prácticas. Sí hubo desconfianza por tantos letreros y anuncios en los periódicos relacionados con la prostitución; vincularte con esos delitos nos vino a tirar el trabajo serio, nos afectó, pero por eso debemos recuperar la confianza del paciente, haciendo un trabajo excelente".

Por ello, la principal publicidad de Adolfo se reduce a la recomendación personal.

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Tampoco adorna su consultorio con parafernalias de tipo religioso, culturas orientales o ángeles; ni siquiera carteles o maquetas del cuerpo humano.

"Tienes que ser muy claro para explicar tu trabajo y lo que vas a hacer, cómo lo vas a hacer y cuánto tiempo va a durar; en qué consiste la terapia y por qué es importante cierto masaje que estés aplicando. Tienes que ser muy serio y cuidadoso. Incluso con jóvenes, trato de que estén acompañados y todo a la vista".

La principal terapia aplicada por Adolfo Ramírez Jacinto es la llamada “puntos gatillo”, difundida por el médico Claire Davies y su hija Amber Davies (2004) que básicamente detecta contracturas musculares, de diferentes tamaños y grados.

"Cuando inicio un masaje en la espalda, detecto las contracturas por cambios de temperatura, de color y por inflamación. El músculo se irrita y al tocarlo cambia la piel de color. Ahí veo un problema".

Al comienzo, el masaje en la espalda permite calentar el músculo y relajarlo para normalizar la energía del cuerpo y centrarla en la columna vertebral.

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Es un masaje en forma de 8, llamado también de “tejido profundo”, no es un masaje relajante, tampoco deportivo ni de otro tipo.

"Este masaje va inducido a hallar las contracturas, que comúnmente no salen en las radiografías y por ello los médicos no las detectan. A veces las contracturas pueden estar en la espalda o en la cintura, y provocan dolores muy lejanos de ahí, como en el tobillo o en la rodilla".

Los “puntos gatillo” son cerca de mil 200 en todo el cuerpo y sus contracturas causan dolor y cansancio; su sensación es de ardor. Estos músculos pueden estar lastimados por esfuerzos de cargas continuas, movimientos bruscos, golpes, atrofias, etc. Entre más tiempo tienen estas contracturas son más difíciles de deshacer, lo que hace necesarias más sesiones de terapia.

"Esas son las consecuencias de que no te haces caso en tanto tiempo, porque el músculo ya está acostumbrado a cierta posición y no lo obligas a que se enderece o se regrese a su posición".

Hay ciertas contracturas, como en la espalda o en los pectorales, que duelen y se inflaman tanto, que causan encorvamiento de hombros hacia adelante.

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Otras contracturas que se generan cerca de la nuca, son conocidas como “puntos de migraña” y se adquieren por accidentes automovilísticos o del transporte.

En las piernas hay muchos “puntos gatillo” que hacen creer al paciente que se está volviendo torpe o viejo. En los tobillos, las contracturas no permiten que se levante totalmente la punta del pie y entonces el paciente se tropieza continuamente. Esta terapia recupera la libertad y la movilidad de esos músculos de las extremidades inferiores para caminar bien de nuevo.

"Después de una terapia completa, que va de 3 a 5 sesiones, los puntos gatillo se recorren pero ya no son dolorosos, las opresiones con los dedos sólo causan molestias, pero no dolor, porque el músculo ya está en su posición".

Si el problema es más agudo, Adolfo Ramírez Jacinto está capacitado y certificado para aplicar acupuntura y una innovación de origen japonés, que los deportistas han popularizado, la cinta elástica y adhesiva llamada “kinesiotape”, que se coloca en esguinces o lesiones mayores.

"El tejido curvo de la cinta hace que conforme se mueva la piel se vaya dando auto-masaje, permitiendo además que el músculo se despegue de la piel, para que entre ellos corra la linfa y se reestablezcan más pronto las lesiones. Estas cintas también les ayudan mucho a las mujeres embarazadas, para sostener al bebé y que la mujer no cargue con su espalda; que no le salgan estrías y que en general esté más cómoda".

Pero inevitablemente, hay que decir que el masaje tiene mucho de placentero y reconfortante; aumenta la autoestima y cambia el humor de quien lo recibe.

"Si te sometes a un masaje tu cuerpo empieza a sentirse querido, algo que era normal recibir de papá o mamá cuando éramos pequeños. Al crecer pensamos que ya no es necesario y entre hombres no se acostumbra ese contacto o se malinterpreta. En la pareja el masaje es algo que sirve de aproximación, mientras dura el enamoramiento, pero se acaba pronto y con los años se olvida totalmente".

Muchas veces los pacientes de Adolfo lloran durante la terapia, porque brotan sus emociones con un masaje o con la acupuntura, debido a asuntos que guardan muy profundamente, como la pérdida de algún ser querido o por circunstancias muy duras de su infancia.

"A veces las personas empiezan a sacar muchas cosas que normalmente tienen guardadas. Eso también me ayuda a que mejoren, porque yo trabajo lo emocional, junto con lo físico. Trabajo con lo espiritual, con su fe, y me ayuda a diseñar algo específico para ellos".

A la gente mayor, cuya vida ha sido muy dura, esta terapia le permite a su cuerpo y a su mente volver a aprender, a rejuvenecer y a mejorarse. Los dolores a veces no son del cuerpo sino de lo que crea la gente con su cabeza.

"Al final del tratamiento, estos contactos te llevan a otro plano y te devuelven el buen humor; te sientes querido; algunos pacientes hasta sienten haber adelgazado, pero no, sólo se trata de un cambio en su postura física".

Para finalizar, Adolfo Ramírez Jacinto admite que no es médico, sino ingeniero, aunque tuvo la vocación de sanador casi desde niño. Durante su juventud, a finales de los años 60, Adolfo fue marino estadounidense y vivió en Nebraska, donde estaban las mejores escuelas quiroprácticas de ese país.

"Sin haber estudiado medicina tuve que aprender a partir de un problema personal de mi columna, para saber qué me pasaba. Yo soy muy dado a investigar. Pero en ese camino, más adelante mi esposa tuvo cáncer. Así entendí muchas situaciones que aquejan a la mujer, además de muchas otras cosas sobre el dolor. El estudiar Ingeniería te da la idea de cómo funcionan las cosas. El organismo es una máquina en muchos sentidos". #Belleza #Entrevista