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Durante el proceso de manipulación de alimentos existen muchas acciones que pueden representar un riesgo enorme a la salud. Lamentablemente estas costumbres son practicadas de manera cotidiana, debido a que fuimos criados con la creencia de que era la forma correcta de hacer las cosas. Uno de los hábitos más arraigados en la preparación de alimentos es lavar el pollo.

Todos hemos escuchado que es necesario para eliminar el mal olor, las bacterias, la suciedad entre otras cosas. Y aunque es verdad que el pollo es una de las carnes crudas más contaminadas, la acción de enjuagarlo no hace otra cosa sino propiciar el esparcimiento de los patógenos a otras superficies y utensilios, de acuerdo a lo expresado por la Agencia de Normas Alimentarias del Reino Unido (Food Standars Agency), quienes nos advierten especialmente del peligro que la bacteria Campylobacter representa.

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Una bacteria viajera

Las gotas de agua que se desprenden mientras lavamos al ave en cuestión pueden salpicar superficies, utensilios e incluso otros alimentos a distancias tan grandes como 50 cm. Asimismo, resulta una acción totalmente inútil para eliminar patógenos, pues la cocción por si sola logra hacerlo, aunque claro, ésta debe ser realizada a la temperatura adecuada (74°C).

Campilobacer jejuni es la causa más común de las gastroenteritis, en especial de las denominadas "enfermedades del viajero", cuadro agudo que suele durar sólo unos cuantos días y provocar síntomas como diarrea y vómito; sin embargo, dicho microorganismo también puede ser responsable de la aparición del Síndrome de Intestino Irritable y la enfermedad de Guillian Barré, condiciones patológicas de mayor gravedad que pueden llevar al paciente incluso a la muerte.

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Contaminación cruzada, su mayor aliada

Si bien evitando enjuagar el pollo antes de cocinarlo podríamos prevenir en gran medida una enfermedad [VIDEO] de origen alimentario, esta no es la única práctica durante su manipulación que pone en riesgo nuestra #Salud.

Es común, especialmente en los hogares, que no se asignen utensilios de cocina exclusivos a cada tipo de alimentos; por ejemplo, el mismo cuchillo que es usado para partir pollo puede servir para rebanar vegetales y ambas acciones pueden ser realizadas en la misma superficie, como una tabla. El realizar estas prácticas conllevan al riesgo de contaminación cruzada, es decir, el intercambio de microorganismos de un alimento o superficie a otro mediante el uso del mismo utensilio en ambos.

Es de vital importancia contar con tablas (preferentemente diferenciadas por color) para cada tipo de comida, así como lavar cucharas, cuchillos y demás utensilios cada vez que cambiemos de alimento. Tomando estas precauciones y promoviendo practicas adecuadas al manipular comestibles lograremos garantizar la inocuidad y evitaremos infecciones e intoxicaciones de origen alimentario. #Nutrición