Diría que es imposible dentro del mundo de habla hispana que no haya conocido, disfrutado y reído con Roberto Gómez Bolaño, también conocido como Chespirito, que interpretó a personajes como El Chavo del ocho o el Chapulín Colorado, y quien por más de 4 décadas acompañó a todas las familias latinoamericanas y también de España y otros países de habla hispana, con un humor sano y familiar.

La vida tiene caminos curiosos, Chespirito estudió ingeniería, mecánica y mecánica electrónica pero abandonó todo eso para dedicarse a las letras y la publicidad, con 22 años trabajó como guionista para una agencia publicitaria. Se casó con la escritora Graciela Fernández con la cual tuvieron 6 hijos y luego se divorció, años más tarde se casó con quien compartía pantalla, Florinda Meza, allá por el 2004.

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Su figura como guionista, su facilidad para hacer guiones fue lo que le otorgó el apodo de Chespirito, su baja estatura curiosamente le servía para la interpretación de sus personajes, pero no sólo trabajó para sus propias producciones, también sus guiones sirvieron para programas de radio, televisión y hasta para películas.

Todo comenzó en 1968. En ese año nació El Ciudadano Gómez, en una actuación sabatina de 30 minutos, un éxito que lo catapultó a que dos años más tarde le diese vida al "Chapulín colorado" el antihéroe más querido y popular de la televisión latinoamericana que, su famoso "Chipote chillón" y su traje rojo con antenas en su cabeza, junto también con sus famosas frases, rápidamente lo convirtieron en todo un referente dentro del público infantil pero también a sus padres.

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"No contaban con mi astucia o síganme los buenos", eran frases recurrentes en bromas o comentarios a lo largo y ancho de toda la Latinoamérica de habla hispana del personaje del "Chapulín colorado". En el año 1971 nació el Chavo del ocho que dio paso a una serie de personajes en un inquilinato donde pasaban una serie de vicisitudes y aventuras que hacían las delicias de toda la familia, la vecindad era motivo de todo tipo de controversias y disparates donde participaban Don Ramón, la Chilindrina, Quico, el Profesor Jirafales, la Bruja del 61, el Señor Barriga, Doña Florinda y, por supuesto, el Chavo del ocho.

El Chavo del ocho era un niño desvalido y desprotegido, pero que a pesar de no tener casi nada era un niño feliz, optimista que siempre tenía solución para todo y, quizás lo más peculiar, lo que más fama le dio al autor Bolaños fue la candidez, la inocencia y la despreocupación que le otorgaba a sus personajes, libres de maldad, con una picardía sana, con ese humor blanco que tantas y tantas risas arrancó a lo largo de toda su vida artística, lo dicho, Bolaños ha puesto un antes y un después en el humor.

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Chespirito llevaba ya unos años padeciendo problemas de salud, se marchó físicamente pero estará por siempre vivo en nuestra memoria, así que aprovechó para decirle eso: ¡Gracias!, por las risas, por tu humor sano, por los recuerdos que nos dejas, por tantas horas de pantalla compartida en familia, gracias Roberto, estés donde estés, un hasta siempre, porque siempre estarás vivo en nuestros corazones, en nuestra memoria, en nuestro corazón. ¡Gracias, por siempre!