No todos los millonarios derrochan el dinero, algunos, incluso lo gastan lo menos que pueden. Este es el caso de Anne Wojcicki, ella es la ex mujer del confundador de Google, Sergey Brin. Además tiene su propia empresa llamada 23andMe.

Nacida y criada en la acaudalada zona de Palo Alto (California), hija de padres profesores, su madre de secundaria y su padre, emérito de la Universidad de Stanford. Creció sin excesos ni derroches innecesarios. Esta bióloga de 41 años, comanda la nave de 23andMe, una empresa valorada en unos 57 millones de dólares que analiza el ADN de cualquier persona a través de la saliva de la persona.

Anuncios
Anuncios

Esto se analiza en un laboratorio y a la semana recibe un informe detallado sobre su propensión a sufrir enfermedades y consejos para mejorar la salud.

Sería normal que viviera en una vida acomodada llena de lujos y caprichos pero Anne no es así, suele tener un presupuesto semanal de gastos del que no gusta salirse. Es una adicta a las ofertas y a los productos gratis, en una ocasión se puso mala al beberse 1 litro de zumo de zanahoria en su propia empresa. Otra de sus manías es solo pedir agua a la hora de comer y nunca pedir postre, esto no solo se lo aplica para ella misma, sino también para sus hijos de 3 y 8 años, no lo pide, ya que sabe que es donde mayor extra sacan los hosteleros.

En la comunidad donde reside, ha decidido mediante cálculos matemáticos pagar las multas por aparcar mal que acudir al parking de pago, según ella, es más rentable hacerlo y se ahorra dinero con la medida.

Anuncios

En una zona de tal alto standing su peculiar manera de ver las cosas ha causado sorpresa por lo incívico de su comportamiento. Anne sigue casada legalmente con su marido, aunque en la práctica están separados tras descubrir ella una infidelidad con la empleada Amanda Rosemberg, que a su vez era pareja de Hugo Barra, el líder de Android.

Su hermana Susan Wojcicki es Consejera Delegada en Youtube y, según la revista Forbes, la número 12 de las mujeres más poderosas del mundo. Desconocemos si también tiene estas costumbres o vive más acorde con su posición económica.