El Estadio Azteca fue el escenario para despedir a un grande, don Roberto Gómez Bolaños. Un artista que hizo reír a la familia sanamente. Sus frases, sus diferentes personajes, lo hicieron único.

El público mexicano y el mundo entero a través de la #Televisión pudieron presenciar la misa de cuerpo presente que Monseñor Diego Monroy Ponce encabezó en la ceremonia religiosa. Su compañera de vida, Florinda Meza puso a los pies del féretro una corona de flores para rendir homenaje y tributo a su difunto esposo.

Miles de niños se vistieron como los personajes del Chavo del 8 y el Chapulín Colorado; todos aplaudieron y ovacionaron mientras el féretro era cargado a hombros por seis hombres.

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Los miles de asistentes rodearon esa capilla ardiente en el centro del Estadio Azteca para despedirse de él, ahí una gran foto del comediante miraba hacia afuera de la capilla.

Si bien su único hijo Roberto Gómez Fernández lucía unos anteojos oscuros, se lo veía entre consternado y calmo a la vez. Florinda Meza, esposa de Roberto Goméz Bolaños, no dejaba de emocionarse por tanto amor, cariño y respeto que la gente daba como muestra de un cariño bien ganado, porque el Chavo del 8, el Chapulín Colorado, El Dr. Chapatín, Chespirito nos supo transmitir un humor sano, un humor lleno de cariño, de respeto, de valores. Mucha gente allí congregada repetía una y otra vez las famosas frases que quedarán en el recuerdo de los que pasamos de los 50 años, mismas que nuestros hijos han podido disfrutar también: "Fue sin querer queriendo", "Es que no me tienen paciencia", "Yo, el Chapulín Colorado", "No contaban con mi astucia" eran algunas de las que se escuchaban entre las fans que acuideron al estadio.

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Florinda Meza más que satisfecha estaba con el homenaje que le hicieron a su esposo, con las frases que repetía a coro la gente allí congregada, sabía que lo amaban y lo seguirán amando eternamente, porque él fue único, un gran hombre que se supo meter dentro de la piel de los niños, porque hacía llorar y reír al mismo tiempo.

Es un sentimiento indescriptible el que ya no se encuentre más entre nosotros, pero estamos seguros que allí en los cielos, debe haberse encontrado con Don Ramón y con la Bruja del 71 que partieron antes que él, pero que al día de hoy siempre recordarán que su misión fue cumplida, hacer reír a grandes y a niños.