Para unos fue considerada “la caja tonta, para otros “el octavo arte”. Como fuera, satanizada o  elogiada, la #Televisión ha sido una indudable alternativa de ocio para generaciones enteras. Sin embargo, la programación, supuestamente sujeta a la aprobación de la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía de la Secretaría de Gobernación, no siempre ha cumplido con el estándar de “contribuir al fortalecimiento de la integración nacional, a través de la difusión de mensajes que reafirmen los valores históricos, democráticos, culturales y sociales de la población”.

Ahí está #Televisa, quien a pesar de contar con recursos de sobra, durante décadas ha limitado nuestra entretención principalmente a programas de refrito, huecos y en los que se da culto a la perfección de la imagen física, dando más sentido al mote de “caja tonta” y a los efectos sobre el televidente.

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Por fortuna, en cada uno vive la elección de su distractor televisivo. Allá usted si prefiere “chutarse” Sabadazo o a la insufrible Laura y su amenaza de regresar. Yo, desde hace años me declaro ferviente seguidora del Canal Once por ofrecer verdadera calidad en su programación, mostrando un compromiso real con la sociedad.

Admito que pasar de la televisión análoga a la digital por mero decreto, de inicio me provocó más nostalgia que convencimiento, pues temí que la disposición sólo ampliaría los programas de relleno, mientras las firmas de televisión por cable aprovecharían la ocasión para “hacer su agosto” en pleno diciembre.

Sin señal de cable, para mí fue obligado instalar la antena, y qué bueno, pues constaté el perfeccionamiento de Canal Once ahora en dos canales digitales: 11.1 para la programación habitual y 11.2 para la infantil, de la que también soy seguidora desde hace años.

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Por cierto, si de televisión infantil se trata, a partir de las seis de la mañana y hasta media noche es posible dar a los niños lo que realmente merecen con la calidad de la programación de Once Niños, totalmente apta para ellos entre emisiones importadas que ya hemos visto con mucho éxito, como Historias Horribles y El Mundo de Beakman, y producciones de la misma televisora, como El Diván de Valentina y De Compras. Ficción, ciencia, aventura, diversión, documentales y hasta consejos de compra con lenguaje claro y apropiado llenan ahora la barra del canal 11.2 prometiendo lo que sí pueden cumplir: excelencia.

Con ello sí doy la bienvenida a la era de la televisión abierta digital y me compro la misión de la RTC “La difusión de mensajes que reafirmen los valores históricos, democráticos, culturales y sociales de la población”. Así, Canal Once bien puede quedarse con la insignia del octavo arte, mientras Televisa…Televisa ahora sí que tiene una gran competencia ¡aguas!