Ya han pasado algunos días desde que se estrenara la última película de Leonardo DiCaprio y por la que muchos de sus fans esperan que se lleve la esperada estatuilla. El Renacido, de Alejandro González Iñárritu, es una de las películas más comentadas del momento tanto por la prensa como por los millones de espectadores que han acudido a las salas. Llegados a este punto parece que no hay nada nuevo que destacar, no obstante, hay un detalle que se ha pasado por alto: la manía de castigar a los personajes de DiCaprio con esposas muertas que le persiguen en sueños.

Los primeros casos llegaron de la mano, en  2010. Leonardo Dicaprio protagonizó dos de sus películas más aclamadas: Origen y Shutter Island.

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La primera, dirigida por Christopher Nolan, tiene una de las tramas más complejas de toda su carrera, y es que el argumento es de lo más enrevesado.  Dom Cobb, el personaje que encarna el actor, es un hombre atormentado que se desvive por una misión secreta mientras se ve acosado por el fantasma de su mujer, en este caso, la actriz Marion Cotillard. Y pese a que muchos y muchas desearían que la joven francesa apareciera en sus más profundos sueños, la realidad es que consigue llevar a su ex marido al borde de la locura. De esta manera, Domm no puede llevar una vida “normal” por culpa de los múltiples mensajes que su esposa -o su enfermiza imaginación- le envía.

Con Shutter Island sucede algo muy parecido. Martin Scorssese preparó para su amigo unas dosis más de tortura matrimonial. En esta ocasión se nos presenta a un DiCaprio más perturbado que nunca, un hombre que no es capaz de separar la fantasía de la realidad y que guarda un gran trauma en su interior.

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Una vez más, es su difunta ex mujer la protagonista de las pesadillas que le recuerdan una y otra vez su tormentoso pasado. El actor parece no ser capaz de huir de ellas y acaba así en la más terrible de las desdichas.

Y El Renacido no ha podido ser de otra manera. Hugh Glass, el nuevo personaje del eterno nominado al Oscar, se debate entre la vida y la muerte durante más de dos horas y media de película. Y por si esto fuera poco, cuenta con la incansable compañía del fantasma de su difunto amor que le susurra siempre las mismas hipnotizadoras palabras. A lo largo de la trama, aparece en sueños y a cámara lenta, con lo que el sufrimiento del actor se intensifica.

Analizado este repetitivo patrón en el historial del actor, se plantean dos teorías: O los guionistas se han quedado sin ideas —pues las tres películas presentan recursos y planos de la difunta realmente similares—, o se trata de un castigo para DiCaprio por haberse portado demasiado mal con las mujeres que le han rodeado. Sabido es que el actor siempre ha destacado por sus diversos fracasos sentimentales.

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Es posible que esta sea una forma de hacerle entender que está destinado a que sus despechadas amantes le persigan toda la vida, como los espíritus de Cuento de Navidad. Sea como fuere, esperamos que este tercer fantasma ayude a DiCaprio a ganar el Oscar que tanto se merece. Con un poco de suerte, el actor podrá tener un matrimonio feliz en su próximo proyecto. #Cine