La cuarta edición de Master Chef España nos llegó sin sorpresas. Desde el primer programa de esta temporada era un grito consumado que las gemelas, o una de ellas, estarían instaladas en la gran final. No solo por lo que cocinaban, las presentaciones de sus platos, la posible evolución que siempre tienen los participantes, en especial por el carisma de las hermanas.

Y he ahí que empezamos como espectadores a "atrapar el truco", a darnos perfecta cuenta de que en los fogones de Master chef se "cocina" algo más que la utilización de productos de primera calidad, de especies insospechadas, de sabores exóticos, otras maneras de condimentar los tradicionales platos del país y el mundo.

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Porque el talent show más grande, según sus chefs jurados, necesita de un extra para poder sobrevivir a la ampliación de su duración en pantalla, necesita de un ingrediente que sublime las emociones, que "explote" en nuestro paladar, en los sentimientos, en esos corazoncitos que tenemos.

Y ahí estaban las hermanas, amas de casa, amantísimas esposas y madres, a veces convertidas en villanas, por aquello de saber jugar (como otros participantes) con los códigos que establece el mismo funcionamiento del espacio. La edición de sus entrevistas fuera de los set de cocina, nos encaminaban a verlas hasta los últimos capítulos. Sus ocurrentes y jugosos comentarios, la envidia que generaron por estar juntas, acompañadas (ya se sabe que los aspirantes deben convivir durante meses, sin tener contacto con sus familias o amigos) fueron conformando el escenario ideal para verlas cada semana, superando los propios obstáculos de los retos culinarios y la cierta animadversión de sus compañeros.

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Puntos picantes perfectos para darle un cocinado a fuego lento a lo que representaban dentro de la dinámica del programa.

Se hace habitual ya que, en cada edición de Master Chef, existan estereotipos "construidos" de los aspirantes al título. Quizás sea la "línea editorial" que buscan en los casting sus realizadores, es decir, personas que además de cocinar nos puedan entretener con sus historias de vidas, con sus sinceridades frente a cámara, con las virtudes y defectos no ya de los cocineros que desean ser, sino de los seres humanos que son. 

Quiero pensar que sea ex profeso, un hecho consciente de los creadores, esa conocida manipulación que sabemos de los medios, y no que el alcance de los mismos provoque que las personas busquen incorporar el maniqueísmo saturado, evidente y repartido por tantos programas que consumimos, para entonces ser escogidos, formar parte del show, de la química que los mantenga el mayor tiempo posible en la "caja mágica", para así saltar a la fama del pueblo donde viven, la región, los espacios televisivos más importantes y echar a andar la rueda de la fortuna.

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¿Hasta dónde pueden llegar los códigos de los medios de difusión?, esa puede ser la pregunta  más inquietante que el paso del tiempo y las tecnologías nos traerán una y otra vez, como las estructuras de programas de éxito, que se repiten en una espiral ¿siempre creciente, auténtica, divertida?  #Televisión #Tendencias #Facebook