El 23 de septiembre de 1917, nació en Tulancingo, Hidalgo, Rodolfo Guzmán Huerta, quien fuera conocido por la sociedad mexicana como #Santo, El Enmascarado de Plata.

Rodolfo Guzmán se inicio en la lucha libre en el año 1934, sin embargo no fue sino hasta el año de 1942, cuando inició su carrera legendaria.

Antes de convertirse en El Santo, participó en ente aguerrido deporte bajo los nombres de Hombre Rojo, Enmascarado, Murciélago II y Demonio Negro.

Fue la legendaria Arena México del antiguo Distrito Federal, el sitio en donde se llevaban a cabo las noches de lucha libre.

En este recinto, el Santo empezó a dar vida a su propia leyenda, al ser un luchador honesto y limpio, que no necesitó del escándalo personal para llamar la atención y convertirse en famoso.

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La fama del Santo se inició, cuando se transmitían la funciones de lucha libre, mediante una televisión en blanco y negro carente de calidad.

Sus triunfos dentro del Ring, hicieron que la gente empezara a voltear a ver al luchador como el héroe que el país necesitaba.

Santo, empezó a penetrar en el gusto de las masas, por medio del cómic.

Este impreso era el único medio que se manejaba para hacer llegar al pueblo, diversión y entretenimiento, debido a su bajo costo y fácil difusión.

El comic se imprimía en un papel con tinta color sepia y semanalmente se vendían miles de ejemplares en los antiguos puesto de periódicos.

Del cómic y de los cuadriláteros, el Santo brincó al #Cine en donde su fama se acrecentó iniciando con ello la leyenda del superhéroe que igual podía matar zombies, momias y extraterrestres con tan solo sus golpes cuerpo a cuerpo.

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Sus primeras películas filmadas en Cuba, Santo contra el Cerebro del mal y Santo contra los hombre infernales, fueron realizadas sin mucho interés ya que no se consideraba que podrían ser imán de taquilla.

El Santo no necesitó de armas ni comandos armados, para acabar con el mal.

Era este luchador que lucía pantaloncillos y máscara de color plata junto a una capa brillante y un coche convertible de color blanco, el símbolo de la honestidad, la guerra limpia y el triunfo del bien sobre el mal.

La sociedad mexicana se identificaba con ese luchador ya que representaba la fuerza y el poderío sobre los seres más extraños, imposibles de dominar y por demás divertidos.

En esos inicios del cine, la transformación de los monstruos era todo un espectáculo ya que cuadro a cuadro, podíamos disfrutar del precario maquillaje que iba convirtiendo ya sea a un hombre o a una mujer bella, en una figura de horror espeluznante.

Pero el Santo no solo se enfrentaba a monstruos y extraterrestres, también en su lucha contra el mal, existían psicópatas asesinos, brujas y hechiceras, gángsters muy al estilo de Al Capone, mujeres vampiro así como científicos locos.

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Las películas del Santo son un referente en el cine nacional para todos aquellos estudiantes de comunicación y cine que pretenden dedicarse a este bello arte de la fantasía audiovisual.

El Santo falleció el 5 de febrero de 1984 y junto con él, murió el único y verdadero héroe nacional que hemos tenido los mexicanos.