El Inicio

Hace ya casi dos décadas que Reed Hastings y Marc Randolph decidieron iniciar un videoclub que permitiera a la gente poder alquilar cualquier película o serie que tuviesen en su catálogo sin necesidad de salir de casa. Hoy su idea ha trascendido a tal punto que ha logrado convertirse en una de las plataformas online con más suscriptores en todo el planeta teniendo tan solo en Estados Unidos poco más de 47 millones.

Con la internet como su principal aliada, #Netflix usa el poder del #streaming para llegar a cada rincón del globo (exceptuando apenas algunos países), permitiendo a sus suscriptores consumir series y películas desde los clásicos del cine y la televisión hasta las últimas super producciones hollywoodenses solo con mover un dedo.

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Algo sumamente cómodo para aquellos que, como yo, disfrutan de practicar el binge-watching mientras procrastinan en casa.

La historia de este servidor ha tenido sus altibajos, y es que a Netflix a diferencia de otros servidores online, le ha tocado luchar con fervor para negociar los derechos de emisión de sus series y películas en los distintos países donde ha llegado, pues muchas veces las licencias ya se habían otorgado a algún otro proveedor o simplemente las regulaciones que hay por región no le permitían obtenerlas. Esto hizo que su expansión haya tomado un poco más del tiempo normal para este tipo de plataformas, por lo que hace apenas unos años logró llegar a Europa y América Latina. Sin embargo, y exceptuando una pequeña brecha en 2011, en los últimos 6 años ha logrado expandirse tanto que se ha convertido perfectamente en el nuevo Blockbuster.

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La originalidad

Con todo y su política de soltar temporadas enteras de golpe, Netflix se convirtió en un generador de contenidos que se consume en grandes dosis y que cada día apuesta más por ser único. Series que solo dependen de los espectadores, en donde cada capítulo pasa sin la necesidad de incluir por obligación una gigantesca explosión, o juegos de azar y mujerzuelas. Eso no existe en un mundo donde el espectador marca la programación, incluso han entrado al mercado con sus producciones propias, un valor añadido frente a las demás plataformas digitales que en su mayoría se limitan simplemente a la re distribución.

Pero bueno, con tanto apogeo, ¿qué futuro le espera a la televisión tradicional y al cine? “Si estás viendo la película en un celular, jamás en un billón de años tendrás la experiencia del filme”, esto decía el director David Lynch hace algunos años al hablar de estas nuevas plataformas, y bueno, es que la idea de que los consumidores llegasen a ser “dueños” de las películas es un 'dolor de muela' para la gran industria.

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El streaming en teoría, ofrece acceso ilimitado, formatos digitales que se pueden reproducir en gran variedad de dispositivos, además de otros múltiples servicios que, con el paso de los días, van aumentando. No son cosas físicas que se puedan palpar, y de igual forma la propiedad permanece en manos de las corporaciones que detentan los derechos de autor, algo que puede ser amado por los corporativos pero odiado por los artistas creativos.

Si bien estas son ventajas, no significa que la tele y el cine tradicionales vayan a desaparecer. Nunca existirá una mejor forma de ver noticias y deportes, así como tampoco habrá igual emoción a la que se puede encontrar en una sala de cine oscura y con sonido 5.1. Aunque los usuarios quieran ver los contenidos a su propio ritmo, y aunque Netflix haya conquistado al público impaciente, la televisión seguirá siendo el sitio donde ver todo lo que tenga relación con la agenda diaria, así como el cine será la excusa perfecta para ligar con tu pareja. #Cine y Televisión