En una ciudad, la transportabilidad es vital para el desarrollo de todos los habitantes de la misma. Un manejo ineficiente del mismo no sólo repercute en el estilo de vida, de por sí ajetreado, del groso de la población que lo usa, sino que también representa pérdidas de horas de trabajo como también de operación para algunos negocios.

Aunque es indudable que hay la seguridad, el mejoramiento de vialidades y la profesionalización en el servicio son características que le proporcionan al usuario más tranquilidad; sin embargo, temas como el altísimo índice de usuarios, la mala planeación de algunas líneas y los prolongados tiempos de recorrido en el transporte público hacen al público usuario considerar la eficiencia tanto de los mismos como de las autoridades competentes.

El metro es uno de los transportes preferidos tanto por los capitalinos como también por las personas que son externas al DF, pero desde hace ya mucho tiempo existió inconformidad por temas como el tiempo del recorrido, el cual, en temporada de lluvias o en horas pico puede duplicarse o triplicarse; también los vendedores ambulantes (los cuales, el #Gobierno de Mancera se comprometió a erradicar, pero no lo ha hecho) contribuyen a elevar los niveles de estrés de los usuarios con los altos decibeles; los trenes mismos se encuentran en un estado muy deteriorado, así como las mismas instalaciones; por lo que todo esto es, como se afirmó en cierto artículo de la revista Proceso, “una bomba de tiempo”.

Aunque la mayoría de los capitalinos consideran que pueden llegar prácticamente a cualquier lado una vez que llegan a una estación del metro; la planeación de las últimas líneas ha dejado bastante que desear. El caso más emblemático es la línea 12 del metro, la cual, más de la mitad, se encuentra cerrada. Cosa curiosa también es el hecho de que hay transbordes tan largos no los hay en el resto de la red. Algunos analistas han sugerido que dicha cuestión se debe a un mal manejo de fondos, por lo que se sustituyó con transbordes lo que debió ser una estación intermedia.

El Metrobús ha sido una de las iniciativas de poder otorgar a los capitalinos otra vía de transporte alterna al ya saturado metro, que también pudiera sustituir y profesionalizar el autotransporte. Sin embargo, este transporte ha sido el dolor de cabeza de muchos. La demanda de usuarios rebasa por mucho la capacidad de poder llevarlos con eficiencia, por lo que los retrasos en las líneas es muy notorio a las horas pico. Hay personas que se han quejado de tener que esperar hasta 40 o 50 minutos para poder abordar una unidad. Los tiempos de recorrido entre metro y metrobús son totalmente dispares: el tiempo estimado en una ruta desde el norte de la ciudad hasta el sur oscila entre 50 minutos y una hora, mientras que en el otro transporte los tiempos para el recorrido análogo supera las dos horas. Aunque hay más mecanismos de seguridad, los asaltantes han buscado la manera de aprovechar los grandes tumultos y han hecho de las suyas con los transeúntes, por más cámaras y policías que haya; cual fue el caso de una chica en el pasado 2013 en la que sus asaltantes se juntaron a ella y la amedrentaron con un cuchillo.

La Ciudad de México es una de las más grandes en el mundo, empero, no cuenta con una red necesaria de transporte nocturno. Recién este año se ha hecho un pequeño esfuerzo para poder proporcionar este servicio al público usuario, tan pequeño para algunos que es completamente insuficiente. Esta inconformidad se debe a que no llega a ciertas zonas de la ciudad, por lo que prácticamente la ayuda al ciudadano que trabajo o realiza alguna otra actividad nocturna es prácticamente nulo.

Actualmente el gobierno de Miguel Ángel Mancera tiene en miras la creación de la línea 6 del metrobús así como de 45 Km más de metro. Sin embargo, creo que valdría la pena analizar si dichas extensiones son necesarias o si el gobierno capitalino debería utilizar los recursos que ha recaudado para poder ofrecer un mejor servicio al público en las líneas con las que ya cuenta. #Medios de transporte