De pronto un viento fresco invadió el andar de los marchistas, era inminente la lluvia que se ha vuelto tradición cada año, las nubes gruesas impidieron el paso del sol. Las miles de personas congregadas el pasado 27 de junio no se percataron de este hecho, la alegría por formar parte de un evento tan significativo en el país se reflejaba en prácticamente todos los asistentes. La marcha este año la encabezaron los distintos grupos representantes de las mujeres trans, puesto que es urgente que el siguiente paso a dar en este movimiento, es la promulgación de leyes acerca de la identidad de género.

Rápidamente me ubiqué en la glorieta de la palma en paseo de la Reforma, de donde partió el primer contingente. Ahí, Karla Gallegos, representante de Provida A.C., me comenta que la importancia de la marcha es "visibilizar todos nuestros #Derechos plenos exigiendo igualdad, justicia y respeto que es lo más fundamental para todos los colectivos LGBTTTI", y que ella en su vida diaria enaltece el orgullo LGBTTTI "al igual que mi jefa Diana Sánchez, somos mujeres de lucha, mujeres de trabajo, mujeres de impulsar cosas buenas a favor de la comunidad".

Este es el tono con el que me topé durante todo el andar hacia el zócalo, platicando con personas trans, lesbianas, gays, padres de familia, y demás gente apoyando la causa, el punto generalizado era hacer notar su existencia en todo el país; como Modesto quien viene desde la zona mazahua de Atlacomulco, que acude "para hacer saber que como indígenas hay gente que también tienen otras preferencias sexuales al igual que la mía y por eso también tenemos los mismos derechos y las mismas libertades para expresarnos", la manera de enaltecer su orgullo LGBTTTI "es siendo una persona responsable, trabajadora, con principios, con criterio, con valores".

Lo único que puedo percibir es una gran diversidad de pensamientos y de personalidad distintos unos de otros, lo que se exige es libertad para seguir siendo, porque el ser no está peleado con el hacer, el gusto hacia algo o hacia alguien no tiene nada qué ver con ser una buena o mala persona, trabajador, estudiante o hijo. Vi, a lo largo de los 4 kilómetros de distancia entre el ángel y el zócalo, varios niños muy conscientes del movimiento apoyando no sólo a sus padres homosexuales, sino a sus familiares, vecinos o amigos conmovedoras escenas.

Detuve mi caminar para observar en un punto alto qué tan largo era el cúmulo de gente, en ambos sentidos podía ver que eso ya no tenía ni principio ni fin. Cada vez son más los que alzan la mano para decir "aquí estoy. Pasan cientos de formas de ser frentete a mí, esto no tiene fin, personas de cualquier edad van y vienen, "vestidas", "darketos", "punketos", fresas, disfrazados, en jeans, en pants, en tacones, en zapato de piso, con torso desnudo, formales o casuales, la gama no era de colores, era de emociones.

Los que observan en la banqueta ineludiblemente formaron parte sólida; los curiosos, los "closeteros", hombres, mujeres, los que desaprueban, los que condenan, los que apoyan y aplauden, todos forman parte de una identidad mexicana, todos tienen una preferencia, son elementos de la diversidad sexual; al fin, el amor gobierna a todos y cada uno; nos comentó Carlos Damasco Castro de ARAMIS, Asociación Raëliana para Minorías Sexuales quien fortalece el orgullo LGBTTTI cotidianamente "oponiéndome a cualquier represión homofóbica o en contra de cualquier persona, defendiendo el derecho de amar a quien ellos quieran". #Manifestaciones #Legalización