El vendedor ambulante es considerado por las autoridades y la ciudadanía como una problemática, la realidad es que son personajes "invisibles" para la mayoría de nosotros en esta ciudad.

Realicé un ejercicio donde ofrecí varios productos en distintos puntos de la ciudad y vivir en carne propia lo que representa trabajar como un vendedor ambulante, conocer que dificultades enfrentan en su día a día.

Inicié en el corredor comercial Morelos, con un calor de 34 grados, vestido con ropa vieja y desgastada, ofrecía los dulces a 5 pesos con un saludo pero el silencio era la respuesta, la mayoría de las personas ni siquiera volteaban pasándose de largo y en ocasiones encontré muecas o miradas de molestia.

Después de estar horas bajo el intenso sol, un par de policías me solicitaron mi permiso, como no tenía me invitaron a retirarme a "laborar" en Padre Mier, pero trabajar en esa calle no hubo diferencia, vendí muy poco.

Cambie de punto y me fui a la estación Cuauhtémoc del Metro, pensé "transita mucha gente, tal vez tenga más suerte" pero me topé con los vendedores del lugar. Los comerciantes son muy celosos con su "territorio", al poner un pie se acercó uno de ellos y me dice "vete para allá, me estas estorbando, me haces competencia". Opté por obedecerlo y quedé frente al puesto de una señora que me grito "Vete a la verg…., yo vendo lo mismo, tengo años aquí, no estorbes vete a la fregada".

Ese día solo conseguí 25 pesos por 5 horas de estar bajo el sol, ignorado e insultado. Al día siguiente fui a la Alameda, el calor era un poco más soportable, después de un rato, un par de policías en su cuatrimoto pasaron a mi lado y aunque vendía cigarros y chicles pasaron sin prestarme atención.

En un par de horas vendí dos cigarros sueltos y tres paquetes de chicles, me retire rumbo al Mercado Juárez, intenté aprovechar que las personas estaban en ese lugar esperando el camión para ofrecer mi mercancía.

Los cinco comerciantes ambulantes en el lugar me miraban con recelo, pero como ellos vendían bien me dejaron trabajar sin molestarme. Durante las tres horas que estuve ahí inhalé más humo que dos años de fumar, por lo que decidí dar por terminada mi experiencia de vendedor ambulante con 60 pesos en la bolsa de ese día.

Aunque parece una labor sencilla, convertirte en un vendedor ambulante es soportar las inclemencias del tiempo, caminar largas distancias y disputar un espacio para trabajar. Además de ser acechados por las autoridades, pero sobre todo, soportar la indiferencia y algunas veces el desprecio de las personas. #Derechos