Una escena sorprendente se presentó en Japón hace poco. Un monje budista musitó recitaciones religiosas, entre olores de incienso, para despedir las almas de los perros artificiales Aibo. Fueron fieles compañeros que ameritaron ser despedidos por sus dueños con todos los honores en uno de los solemnes templos budistas nipones.

Este gustado robot de compañía dejó de ser producido en el año 2006 por la firma Sony, pero los ejemplares que fueron puestos a la venta, lograron conquistar el cariño y respeto de sus propietarios.

En su versión final los perros Aibo eran capaces de forjarse una personalidad propia, manifestar emociones, deambular de un lado a otro de manera autónoma e inclusive de pronunciar algunas palabras. Con el paso del tiempo, estos perros robot lograron cautivar a unos 150 mil japoneses acaudalados, los cuales quedaron afectados cuando en marzo del año anterior cesó sus operaciones el servicio veterinario para canes artificiales conocido como "Aibo clinic".

La dueña de un perro robot, Hideko Mori, es una farmacéutica en retiro de 70 años de edad. Ella se sintió presa de una gran preocupación cuando su can artificial se "desmayó" hace unos ocho años. Mori reconoce que ella no sabía que su funcionamiento tenía fecha de caducidad.

Afortunadamente la angustia dejó paso al alivio cuando supo que algunos ex ingenieros de Sony decidieron seguir ofreciendo el servicio de reparación de estas mascotas cibernéticas. Y así, en tan solo un par de meses el perro robot de Hideko estaba de nuevo corriendo en casa. La mujer confiesa que se sintió feliz cuando tuvo de nuevo a su fiel compañero al cien por ciento.

Nobuki Narimatsu, directivo de la firma A Fun explica que, los usuarios que educan a estos perros artificiales perciben su presencia y su personalidad. Por ello, quienes tienen un perro robot Aibo están convencidos de que estos autómatas cuentan con un alma propia.

Hiroshi Funabashi, ingeniero de profesión, comenta como en cierta ocasión recibió la llamada de un cliente, quien le explicó que su perro no se encontraba bien y le solicitaba auscultarlo. Funabashi se sorprendió al descubrir que aquella persona no veía a su Aibo como un robot, sino como a un integrante más de su familia.

No obstante los propietarios de estos canes cibernéticos en ocasiones deben ser pacientes, en especial cuando se descomponen sus mascotas y es que la lista de espera para composturas es larga y la falta de piezas y reemplazos hace que a veces tengan que aguardar semanas o meses hasta tener de nuevo a su robot reparado. #Animales #Tecnología