Vivimos en una era en la que sabemos más de lo que deberíamos, pero que tampoco hacemos mucho de productivo con ese conocimiento. La clave para comenzar a darle un uso, es comunicarlo, compartir con el otro lo que sabemos, civilizar y evitar la posible pérdida de nuestra esencia de seres sociales, de seres comunicativos.

Martín Barbero, afirma que los sujetos de hoy en día, somos poseedores de una “plasticidad cultural”, que aunque parezca más un vacío o una “falta de forma”, podría verse más bien como “una camaleónica adaptación a los más diversos contextos y una enorme facilidad para los idiomas de la #Tecnología”.

Tal afirmación, no es otra cosa sino un signo de que toda esta tecnología y sus usos, también nos traen cosas positivas y eso es precisamente lo que debe explotarse para rediseñar estrategias de #Educación e insertar la escuela, cómo él mismo afirma, en un “ecosistema comunicativo” donde el proceso de aprender y comunicar el conocimiento “guarde su encanto”.

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No significa que la #comunicación y la educación como las conocemos hasta ahora sean ya obsoletas, lo que al parecer comienza a suceder, es que toda esta inmediatez que implica la tecnología y #hipermodernidad en que vivimos, nos da la oportunidad de una interacción diferente a la que hemos conocido: inmediata pero virtual, es decir, sin una interacción real que nos aproxime realmente.

La comunicación juega un papel primordial dentro de la educación y merece mayor atención para que pueda ser replanteada la manera en que debe ser dada para no perder esa “puesta en común” que es su significado primitivo, (de primero), es decir, resignificarla, reconfigurar los sentidos que del mundo tenemos y entregarla esa otredad a la que rehuimos, pues no desaparecerá, de hecho se mantendrá necesaria para seguir dando a conocer los usos y creaciones que de la ciencia resulten.

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La cultura mundo

Lipovetsky, afirma que es necesario que se genere a una nueva cultura global, que ayude a transformar el caos de información y toda esa inmediatez en “un conjunto de conocimiento y valores comunes”, es decir, civilizarnos nuevamente.

Lo que Lipovetsky plantea de una nueva cultura social a escala global, sería lo ideal, es sólo que parece más bien una utopía y que dista mucho de la realidad del mundo, pero podemos empezar por nosotros mismos y por el individuo que tenemos a lado, pues la cultura se construye con lo que hay alrededor, con lo que se tiene cerca. Lo único que tenemos que hacer es volvernos vanguardistas en la comunicación del conocimiento, es decir, seguir siendo nosotros mismos, con toda nuestra carga de pasado, pero en el presente: evolucionar.