Debido al desarrollo de las TIC’s, (Tecnologías de la información y la #comunicación), vivimos inmersos en un mundo en el que la inmediatez y la necesidad de globalidad fluyen de manera exorbitante y no nos permite contemplar lo que sucede a nuestro alrededor.

Claro ejemplo de ello, son las publicaciones en las redes sociales, que en un momento aparecen, y del mismo modo, caducan, por lo que no nos da tiempo de examinar ni comprender más a detalle sus contenidos, pues ya se han generado simultáneamente otros cientos de actualizaciones, que tendrán el mismo destino: volverse pasado.

Telepresencia

Llama la atención el hecho de que la #comunicación ha evolucionado de ser interpersonal a telepresente, es decir, la manera de interactuar y de esa puesta en común de forma física, cada vez se reduce más a un estado de lejanía en que lo intangible de la virtualidad, irónicamente es lo único presente.

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El término #telepresencia fue acuñado por el científico norteamericano Marvin Minsky en el año 1980 y sugiere un feedback sensorial de alta fidelidad y que requiere de “dispositivos futuros” (hoy en día, ya no tanto), que funcionan de tal modo que nos hacen sentir como lo haría cualquiera de nuestras extremidades y - por lo tanto - no notamos ninguna diferencia.

Surge entonces la interrogante de si algún día la comunicación, como la conocemos, desaparecerá, pues como se sabe, con la llegada de las TIC’s y su inmediatez, a veces ya la voz ni siquiera es necesaria para nombrar al mundo, ni a nosotros mismos.

La mayoría de ellas, implican la escritura y la lectura, cosa que no tiene nada de extraño, pues cada vez leemos y escribimos más, pero la pregunta es: ¿Qué leemos y cómo estamos escribiendo? ¿Esto es también comunicación?

La opinión experta

Jesús Martín Barbero, antropólogo y semiólogo español, plantea que “la sociedad cuenta hoy con dispositivos de almacenamiento, clasificación, difusión y circulación mucho más versátiles y disponibles e individualizados que la Escuela”, por lo que atribuye esta crisis de lectura y escritura a la seducción que ejercen las tecnologías sobre la población, a los jóvenes específicamente, y a pesar de ello, las instituciones educativas siguen sin plantearse toda esa estructura pedagógica que ha comenzado a verse desplazada por estos nuevos tipos de lenguaje, escritura y percepciones de la realidad .

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Por su parte el antropólogo francés Marc Augè, en su libro “Los No Lugares. Espacios del Anonimato”, manifiesta que un “lugar” puede definirse como sitio que otorga identidad, sentidos de pertenencia e histórico, y por el contrario, un espacio que no puede definirse así, definirá por tanto, un “no lugar”, caracterizado por la individualidad, la soledad, lo provisional y lo efímero del contacto, ya que “moviliza el espacio extraterrestre a los fines de una comunicación tan extraña, que a menudo no pone al individuo más que con otra imagen de sí mismo”.

Muy pesar de las encontradas opiniones, el uso de estas tecnologías, resulta de suma utilidad en las aulas de clase y la vida cotidiana permitiéndonos la interacción a distancia y el intercambio de datos y todo tipo de información de manera inmediata y sin restricción alguna, por ello, se vuelve un reto constante comunicar el conocimiento a través de las TIC’s, ya que como lo afirma una investigación realizada en México en el año 2008 titulada “Educación y Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación: ¿Hacia un paradigma educativo innovador?”: “resulta imprescindible crear nuevas teorías de diseño educativo con el uso de #tecnología que vayan de acuerdo con las necesidades actuales, a fin de lograr un conocimiento útil para la resolución de problemas relevantes y con sentido social”.

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#Telepresencia #Tecnología