Vivimos en una época en la cual las ideas fluyen libremente, donde internet da voz y testimonio de quiénes somos y cuya huella digital al parecer, no olvida. No debemos entonces, extrañarnos del carácter diverso, redundante y descentralizado de la información generada en la red cuyo alcance, por estas características, se va expandiendo a regiones que en otros tiempos, quedaban relegadas.

En consecuencia, más personas son conscientes del acervo electrónico que conforma a esta red masiva de computadoras. Ahora bien, por más atractivo que todo ello suene, la permanencia de la información es un arma de doble filo.

La privacidad

A pesar de que no existe una comunicación tan íntima como aquélla que se da personalmente, no significa por ello, que ésta sea privada y anónima.

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Ello es resultado de un gran número de brechas informáticas que han encrudecido su impacto toda vez que la sociedad aumenta su dependencia a la red. #Internet en este respecto, posee detalles cada vez más minuciosos de nuestra identidad conforme se acopla más al ámbito social.

Recientemente, hemos observado una vorágine de fallos donde los eruditos y criminales de la materia extorsionan y secuestran ya no a punta de pistola ni a nuestras personas físicas, sino a nuestro alter ego digital, donde no roban dinero en efectivo, en vez, aprovechando vulnerabilidades y descuidos, no perdonan a otros individuos descargando cuentas bancarias bajo sus nombres.

Un ejemplo notable sería el hurto de aproximadamente 1 mil millones de cuentas del proveedor de correo #Yahoo. Si bien, todavía se debe investigar las circunstancias detrás del robo y el número real de cuentas agraviadas.

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Se sabe que el robo, además de estar estar patrocinado por un estado, posiblemente se hizo de los siguientes datos:

  • Nombre.
  • Correo electrónico.
  • Fecha de nacimiento.
  • Dirección.
  • Número telefónico
  • Fecha de nacimiento.
  • En algunos casos, se sospecha de las preguntas y respuestas de seguridad, estén encriptadas o no.

México lamentablemente, no se queda atrás en este ámbito. En 2016, 93.4 millones de ciudadanos empadronados se vieron afectados cuando sus datos fueron filtrados de acuerdo al investigador de seguridad de MacKeeper Chris Vickery. Dicha información contenía los siguientes datos:

  • Nombre completo.
  • Dirección.
  • Apellidos de la madre y el padre.
  • Ocupación.
  • Número único de la credencial de elector.

La información se encontró en un servidor público perteneciente a Amazon, sin contraseña o medida de seguridad alguna.

Resulta pues, en el mejor de los casos desesperanzador que la red se utilizara con fines criminales o como un arma patrocinada por ciertos estados cuando ésta tiene el potencial de ser conducto bajo el cual se preserva el derecho fundamental de la libre expresión.

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Copyright y derechos de autor

Además del robo de identidad, el conglomerado de computadoras también comparte entre su entramado diversos materiales protegidos por derechos de autor.

El derecho de autor, conocido como copyright en países anglosajones, se encarga de proteger obras literarias y artísticas que comprenden al mismo tiempo, producciones del campo literario, científico y artísticos en cualesquiera de sus formas.

La piratería, un fenómeno en donde se violan los derechos de autor y otros, tales como patentes, no sólo no reconoce al creador original de las obras, sin su permiso, lucran con copias ilegales. En números tenemos lo siguiente para el año 2011:

  • 53 mil millones de visitas por año se registraron a sitios donde se distribuye piratería.
  • 12.5 mil millones de dólares de pérdidas al año produce la piratería a la industria musical.
  • 71,600 empleos perdidos por concepto de piratería en línea.
  • 2.7 mil millones de dólares de pérdidas en remuneración económica hacia los trabajadores por concepto de piratería en línea.
  • 42% del software en el mundo es pirata.
  • 59 mil millones de descargas ilegales se registraron en 2010.

Vemos entonces, la piratería en línea, sin contar los riesgos informáticos como los virus, genera un impacto económico muy significativo y posa un riesgo legal para quiénes distribuyen y descargan aunque esta última actividad depende más de la legislación local. En México por ejemplo, el consumo, no así quiénes lucran y distribuyen, no es punible.

La otra cara de la moneda, es decir, las autoridades que se encargan de formular e implementar leyes que persigan la piratería aunque parezca contra-intuitivo, han propiciado una atmósfera donde ciertas actividades que son legales así como derechos personales, entre ellos la misma privacidad, se ven amenazados.

La Digital Millenium Copyright Act, Dmca, fue una ley controversial promulgada por el aquél entonces presidente, Bill Clinton el 28 de Octubre de 1998. Trataba de administrar los derechos digitales para así hacer frente el reto que representa regular el contenido digital. Sin embargo, esta ley era tan estricta que en su redacción se criminalizaba actividades legítimas, entre ellas: la realización de tareas de seguridad informática que sobrepasan medidas de seguridad, la investigación en la rama en la encriptación y la ingeniería inversa. Consecuentemente, 50 de los científicos computacionales más reconocidos de aquél país enviaron una carta al congreso en donde advirtieron que tales regulaciones lastimarían sistemas computacionales y redes situadas en los Estados Unidos.

El internet es un fenómeno complejo. Por un lado, es un repositorio invaluable donde las personas son libres de formar parte del conocimiento colectivo que han construido. Un fenómeno que sin duda alguna cataliza la globalización y la confluencia de culturas, pero por otro, también es un medio vulnerable, tanto por nuestra dependencia y la persistencia de los datos personales así como por demás ilícitos como la piratería y leyes varias que menoscaban nuestros derechos.