Cada vez que he tenido la fortuna de viajar a México, los amigos que me acogían en su casa siempre comentaban que mi visita les hacía conocer un poco más su propio país. Con gran sacrificio, planificaban excursiones de antemano, que daban comienzo a muy tempranas horas de la mañana. Ellos, ante tanta belleza desconocida, también se quedaban gratamente sorprendidos. A simple vista, éramos un grupo de turistas, sin duda.

Como nos ocurre a la mayoría de los nativos de un lugar, casi siempre somos los últimos en conocer lugares de interés que se encuentran a tan sólo unos kilómetros de nosotros. Según estos amigos, y gracias a mí, habían podido conocer lugares increíbles, no muy lejos del Distrito Federal. Hoy, sueño con volver. Destino: Ixtapa-Zihuatanejo. Por su historia, sus gentes y sus pequeños lugares paradisíacos. Preservémoslos de toda especulación.

No sin razón, Caltzontzin, un monarca precolombino, eligió estos parajes para descansar. Se desconoce a ciencia cierta la identidad exacta de este personaje, que bien pudo ser el Rey Tanganxoan II o El Emperador Tzitzipandacuri. Quienquiera que se tratase, no tenían un pelo de tontos. Nunca viajaban solos sino que todo un séquito de concubinas y esposas, guardias y servidores, le acompañaban en tan magnífica travesía. De hecho, aún queda en pie en la playa Las Gatas, parte de un antiguo rompeolas, que este monarca hizo construir como barrera protectora para las féminas que le acompañaban.

Zihuatanejo es como un precioso homenaje a las mujeres. Así lo llamaron los antiguos indios nahuas, "lugar entre mujeres", tal vez, porque ganaban en número a los varones o tal vez por la leyenda que circula por ahí y que os comento más abajo.

Próxima a Zihuatanejo, como si dos hermanos gemelos se tratara, se encuentra Isla Grande, conocida también, como Isla de Ixtapa. Paradójicamente, se trata de un pequeño y coqueto lugar del que Hernán Cortés, a su llegada a aquellas tierras, dio referencia al rey español Carlos I, asegurándole que en aquel lugar, tan solo habitaban mujeres.

Existe una especie de leyenda que nos habla de que las carabelas de Cortés fueron avistadas de lejos por los nativos y, según sus costumbres, para ponerlas a salvo de cualquier peligro todas las mujeres eran trasladadas a Ixtapa. Tal vez, por ello, Hernán Cortés y sus acompañantes tan solo vieron mujeres. No tardando, yo seré una de ellas. #Vacaciones