Rügen es el nombre de la isla más grande en Alemania. Poblada de pequeñas penínsulas, la isla se sitúa en el noreste de la nación europea y es accesible por carretera o ferrocarril. Debido a su clima templado e inviernos poco fríos, es un destino turístico alemán muy popular sobre todo en el verano.

La isla es una excelente opción para aquellos que buscan alejarse del vertiginoso ritmo de las grandes ciudades como Berlín, Hamburgo y Múnich. Además los amantes de la naturaleza y la tranquilidad se verán seducidos por la variedad de opciones que este lugar tiene para ofrecer. Por ejemplo: el Parque Nacional de Jasmund, una reserva natural cuyo atractivo principal son los acantilados blancos más grandes de Alemania llamados "Königsstuhl" (la silla del rey). Estos se alzan hasta 161 metros sobre el nivel del mar.

Los acantilados sirvieron de inspiración y fueron inmortalizados por el pintor alemán del romántico Caspar David Friedrich. Los amantes de la fotografía pueden obtener las mejores vistas de estos desde la costa oriental de Sassnitz, situada al sur del parque nacional. Desde ese punto uno puede tomar bellas y largas caminatas entre los riscos y el mar o visitar el museo del submarino. Este último se encuentra en el puerto del lugar y permite a los entusiastas de lo naval entrar a un submarino inglés.

La isla también ofrece posibilidades para aquellos que buscan tomar unas vacaciones románticas. Por ejemplo, en Sellin. Situada en la parte sudeste de la isla, es un lugar ideal para parejas. La calle principal cuenta con numerosas villas del estilo arquitectónico "Bäderarchitektur", característico estilo de la isla alemana del Báltico. Sus playas de aguas cristalinas y templadas invitan a bañarse y pasar un día tranquilo en ellas o a caminar a lo largo de la costa y disfrutar del paisaje.

Indudablemente la joya de Sellin es su hermoso malecón de más de 300 metros, el más largo de la isla. En este lugar uno puede pasar el día y visitar el lujoso restaurante o la góndola submarina situada al final del malecón. En el verano, el malecón es flanqueado por numerosos camastros blancos que resaltan en la arena. Estos son una grandiosa opción para pasar un día en la playa. Desde aquí uno puede relajarse observando la puesta de sol y el juego de colores en el cielo. Una vez que la noche cae, vale la pena usar los binoculares instalados en el malecón y disfrutar de las luces y el castillo situados al sur.

Gracias a su situación geográfica, la isla también ofrece una numerosa variedad de platillos típicos. Principalmente la cocina regional se concentra en los pescados y mariscos. Una de las especialidades culinarias regionales son diferentes tipos de filetes de pescado ahumados.

Sin duda alguna, esta isla es un lugar que vale la pena para aquellos que busquen una experiencia diferente y tranquila en su visita a Alemania.  #Vacaciones #Europa