Viajando a medio oriente me encontré a Pakistán, un país lleno de todo aquello que un viajero en busca de aventura, puede encontrar.

Es un país lleno de tradiciones y cultura, paisajes naturales impactantes, gastronomía incomparable, acompañado de un toque de moral y religión islámica. Y a pesar de las malas notas relacionadas con este país asiático, en mi estancia de 6 meses no tuve inconvenientes, no fui testigo de ninguno de los terroríficos hechos que publican los medios en occidente.

No digo que sea todo miel sobre hojuelas, pero en verdad que el peligro de viajar a Pakistán se neutraliza al investigar un poco y evitar las regiones en conflicto que son bien conocidas. Mismas precauciones aconsejaría a quien desee viajar a México.

Mi experiencia en Pakistán fue simplemente fantástica, sin embargo, tiene sus altas y sus bajas, como en cualquier viaje fuera de casa. Empecemos por la gastronomía y la comida, un tema que puede cambiar todas las perspectivas del viajero, y ciertamente para estómagos delicados, no es aconsejable viajar lejos de casa.

La comida fue la experiencia más espectacular de mi viaje, es extraordinariamente deliciosa. Pero al mismo tiempo y con la misma intensidad es extraordinariamente picante y exageradamente grasosa. Para quien tenga problemas del corazón, la presión sanguínea o males gástricos sería, sin duda, una montaña rusa, con tanto vaivén que no resulta apto para personas delicadas de salud, aunado a las excesivas cantidades de aceite reciclado que usan en sus guisos, podría ser fatal. Le sugiero al viajero una dotación extra de antiácidos.

Una rothi o paratha con té chai hervido en leche pura de vaca para desayunar, pakora frita (Mejor dicho ahogada) en aceite reciclado (una muy mala costumbre local) comprada de camino para el próximo destino turístico, 1/4 de kilo de carne de borrego estilo karahi gosht con un excedente visible de aceite, acompañado de yogurt con sal y pimienta, más un buen número de rothis recién horneadas hechas a mano. Una delicia al paladar y a la vista suculento. 

De visita en la mezquita principal de la ciudad de Multan, y digo la principal porque hay una mezquita en cada esquina de cada ciudad, pueblo y vecindario. En numerosas ocasiones vi personas repartiendo comida gratis, comida de buena calidad que sirvieron a más de 50 personas en menos de 30 minutos. La pobreza y la costumbre de mendigar son dos temas que darían al igual que la comida, un artículo completo cada uno.

En resumidas cuentas, hay mucha pobreza, sobre población y corrupción en ese país, pero otro dato curioso es que la mitad de los pordioseros que mendigan en las calles lo hacen profesionalmente, es decir, dedican sus horas del día a "laborar" como mendigos, una profesión muy redituable en países islámicos, donde la caridad es obligatoria y parte fundamental de la religión, por lo que éstas personas sacan provecho usando ropa roída por el tiempo y ganando muy buen dinero en la profesión de mendigos. #Vacaciones #Turismo #Isis