¿Quién como Dios, Miguel? Y en verdad que quién como él, que te otorgó el poder para desterrar la maldad del paraíso mismo, por lo que en recompensa te honra con reconocimientos, monumentos, templos edificados en tu nombre y, la fe en ti; encarnada, como evidente, con tantos lugares que llevan tu nombre por escudo y bandera, junto a un ejército de fieles que los custodian.

Así ocurre con San Miguel de Allende, el pueblo que dejó de ser “Mágico” para ser reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad y otros tantos atributos que hacen de este lugar, el Paraíso de una fe que se regocija de vivir donde el Demonio no tiene cabida.

Y es que apenas entrar a este poblado, el Santo Patrono da la bienvenida y hace saber, o recordar, quién es y el poder que posee; a la vez que, con espada en mano, invita a dejar la maldad atrás para poder adentrarse a esta tierra en que la gente viste con una sonrisa. Y como tantos lugares que guardan historia, las estrechas calles empedradas se convierten en memorias de batallas, de nombres, de victorias y de legendaria tradición artística.

En este sentido, resulta innegablemente que la Parroquia de San Miguel Arcángel es el símbolo y emblema más importante de este pueblo. Construida a principios del siglo XVIII, originalmente mostraba un estilo barroco, pero hacia el año 1880 su fachada de cantera rosa cambió a un estilo neogótico, obra del cantero mexicano Zeferino Gutiérrez, quien copió este estilo basándose sólo en dibujos y postales de la Catedral de Köln, en Alemania.

A un costado de esta parroquia, junto al carácter Divino de este poblado, coexiste el aspecto histórico; ahí, donde el Museo Casa de Allende guarda la historia de una Conspiración que derivó en libertad para una nación entera, no sólo por el mismo Ignacio Allende, que fue pilar invaluable durante la gesta de Independencia, sino por su familia completa, que, aunque en menor grado, también participó en aquellas clandestinas reuniones nocturnas, conciliando entre túneles que conectaban las casas de estos con las de otras familias. También, esas mismas calles angostas y empedradas testificaron miles de trayectos entre la ciudad de México y los Estados Unidos en la llamada Ruta de la Plata o Camino Real de Tierra Adentro, probablemente la ruta comercial más importante de la época Colonial, debido a los importantes yacimientos de Plata y otros minerales que se encontraban en la zona del bajío mexicano y que por dicha ruta llegaban a la actual Ciudad de México.

Un recorrido por el centro de esta entidad permite descubrir la arquitectura de las casonas y el por qué de su importancia arquitectónica, su historia y los personajes que las habitaron; como en la calle Real a Querétaro, donde aún está la casa que perteneció a Pedro Vargas, el célebre cantante originario de San Miguel; ahí, muy cerca, el hotel que perteneció al más importante cómico mexicano, don Mario Moreno “Cantinflas”. Tomando camino hacia el norte se halla el Teatro Ángela Peralta, más adelante un recorrido necesario por el mercado de artesanías; o hacia el sur, el Jardín del #Arte y tal vez conocer el hotel con algunas de las habitaciones de mayor costo en el país. Un verdadero lujo.

Esto es lo que, San Miguel de Allende tiene para conocer, disfrutar y volver a disfrutar. Pero si por suerte o determinación se puede asistir al festejo Patronal, el día 29 de septiembre, será el marco ideal para apreciar que el cielo se viste de luces y parece dejar ver la batalla que San Miguel Arcángel librara con el Demonio, que es a la vez, el recordatorio para este último de que en esta tierra habita y se venera a quien con espada en mano lo desterrara, y con trueno y luces en el cielo sus fieles le festejan para agradecerle de viva voz “que sea tan genial; un hermano mayor, alegre, consentidor y protector”.

Así es como en San Miguel de Allende la tradición camina a través de la historia para ser y hacerse presente. #Turismo #Cultura Ciudad de México