Desde la superficie envuelta en la nube Titán, hasta la de Japeto, que tiene un lado tan blanco como la nieve y el otro totalmente obscuro y del que brota una enorme cresta, cada una de las lunas del planeta Saturno planeta forma parte de los encantos que han llamado la atención de los astrónomos.

Relativamente esférica y de un diámetro 554 veces menor al de Saturno, Febe orbita el planeta junto con sus otras hasta ahora 52 lunas confirmadas. Fue descubierta por el estadounidense William Henry Pickering en 1899 a través de placas fotográficas y su nombre hace honor a un titán de la mitología griega. Viaja a una distancia cercana a los 13 millones de kilómetros, siendo la más alejada de éste astro y tardando cerca de un año y medio (terrestre) en su camino alrededor del mismo.

Científicos han observado en Febe presencia de partículas de hielo combinadas con elementos que revelan la posibilidad de contener carbono. Aunado a esto, parece ser más densa que la mayoría de las principales lunas heladas de Saturno.

Y, ¿qué tiene todo esto de especial?

Todos estos hallazgos han sugerido a los científicos que Febe no se formó en la órbita alrededor de Saturno, como suele ser el caso de la mayoría de los cuerpos celestes que orbitan uno de mayor tamaño, sino que fue capturada después de haberse formado en una órbita más distante del Sol, en donde las temperaturas y la química del carbono y el oxígeno eran diferentes.

Existe un hecho que reafirma éstas especulaciones: las propiedades orbitales irregulares de Febe. Éste satélite gira alrededor de Saturno en dirección opuesta a las demás Lunas de éste planeta de las que se tiene conocimiento.

A esto se le conoce como Movimiento Retrógrado.

En astronomía, el movimiento retrógrado es el desplazamiento de un cuerpo en una dirección opuesta a la de la mayoría de los miembros del sistema solar o de otros sistemas astronómicos con una dirección de movimiento visiblemente general. Por ejemplo: si pudiéramos observar el movimiento de los planetas que conforman al Sistema Solar teniendo el Polo Norte de la Tierra como referencia, veríamos que la mayoría de ellos se desplazan en sentido inverso a las manecillas del reloj; mientras que Venus y Urano lo harían en el sentido de las manecillas del reloj (es decir, de manera retrógrada). Pocos cuerpos celestes forman parte de ésta condición física. Algunos de ellos son las cuatro lunas más exteriores de Júpiter; la Luna más grande de Neptuno y el tan renombrado Cometa Halley.

El desarrollo de conocimientos de éste tipo es, definitivamente, el camino que revelará los secretos que el #universo aún guarda para nosotros.

Postdata. A pesar de lo que digan los astrólogos, Marte, Júpiter y Saturno NO se desplazan de forma retrógrada.

Siendo la órbita de nuestro planeta más pequeña que la de éstos cuerpos celestes, en algún momento ésta termina superando su camino alrededor del Sol antes que ellos, generando mencionado efecto en nuestra percepción.

Dos recomendaciones con distinto nivel de complejidad. Para empezar, El Universo en una Taza de Café: Respuestas Sencillas a Enigmas de la #Ciencia y el Cosmos, de Jordi Pereyra. Y para los más avanzados, El Universo en una Cáscara de Nuez, de Stephen Hawking. Ambos llenos de curiosidades sobre el conocimiento de nuestro universo.