“Somos polvo de estrellas” es una frase que hemos oído varias veces, pero la retórica es diferente de la realidad científica: “Estamos hechos de desechos de estrellas”. Esta es la última conferencia de la serie Martes de Ciencia, organizada por la Dra. Gabriela Piccinelli Bocchi, también profesora de la Fes Aragón. Fue en el Auditorio del Centro Tecnológico donde se dieron cita varios estudiantes para formar parte de la cuarta y última conferencia conferencia Mundos habitables que se llevó a cabo el día 22 de mayo.

La Doctora Antígona Segura Peralta, perteneciente al Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, fue la responsable de impartir la conferencia desde las 13:00 horas. Era sobre exoplanetas.

Habían máximo veinticinco personas, de las cuáles, apenas diez eran mujeres; lo cual no es más que una muestra de que dos de los estigmas sociales más grandes siguen presentes: “la ciencia es difícil, o es aburrida” y “definitivamente, la ciencia no es cosa de mujeres”. Además de que éste tipo de eventos apenas y recibieron difusión.

Elementos para la vida.

Para empezar a hablar de la vida en otros planetas, era necesario primero sentar bases para hablar de qué es lo que mantiene la vida en éste; principalmente átomos de carbono y agua líquida, además de una atmósfera adecuada. Es decir, la Tierra está ubicada en un lugar propicio para que en ella habiten éste tipo de seres vivos; un poco más cerca del sol o más lejos desacreditarían éstas opciones, Empezando por ahí, la vida en éste planeta es sumamente delicada.

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Investigación Científica

¿Y en qué parte del Universo se lleva ésto a cabo? La diapositiva que explicaría éste punto era cubierta por una imágen que era visualmente placentera. Habían muchos colores, profundidad, estrellas, todo rodeado de algo que parecía una nube, con negro en el fondo que daba la sensación de que estabas en medio de la nada, sin estar perdido. Su nombre era Cygnus, una nube molecular. Llamamos así a una zona en el interior de una galaxia en la que la densidad de materia es suficientemente alta, y la temperatura suficientemente baja, para que exista dihidrógeno.

Ellas son las cunas de nacimiento de nuevas estrellas y planetas. Vida y planetas nacidas del desecho de éstas nubes.

Para que haya vida en un planeta, no tiene que estar muy cerca ni muy lejos de su estrella. La imágen visual se asemeja muchísimo a dos niños dando vueltas tomados de la mano, orbitando uno frente a otro. Hasta el 12 de mayo del 2018, se han detectado alrededor de 3781 exoplanetas. Este número no se ha logrado al azar.

Cuando la luz de una estrella se opaca un poco porque un planeta pasa frente a él, hablamos de una forma de detectar un exoplaneta. A veces, ni siquiera son planetas, sino estrellas que pasan frente a otras estrellas. Cuando un descubrimiento aún no se declara planeta, es llamado “candidato a planeta”.

“No estamos buscando la vida en el Universo, ni en la galaxia, sino en nuestro vecindario”, se refería la exponente a los trescientos años luz de radio alrededor de nuestro sistema Solar.

Un exoplaneta, explicaba la Doctora, se les nombra por su estrella y por su número; de ahí los nombre de Keppler-442b, TRAPPIST-1e o LHSS-1140b. A pesar de ser pocos en la sala, nadie desperdiciaba el vacío, y todos estaban concentrados en las palabras de la expositora que se entusiasmaba hablando de Próxima Centauri, un sistema relativamente cercano al nuestro donde se encuentra un candidato a planeta.

Contaminación vital.

La luz es la clave para encontrar exoplanetas, ya que los planetas sí emiten luz propia. La diapositiva que explicaba este punto tenía representado un esquema de cada uno de los espectros de tres planetas del Sistema Solar. Eran todos parecidos al de un electrocardiograma de un desahuciado, especialmente el de la Tierra. En su espectro había un hundimiento que llamaba la atención más que cualquier otro. Ese era el oxígeno.

Sucede que hace millones de años, las cianobacterias contaminaron por primera vez la tierra a nivel global con nada más ni nada menos que oxígeno. Resulta que nuestra existencia, así como la fuente de la que se sirve, son ambas desecho. Literalmente.

Y la Doctora Antígona nos leyó la mente a todos: “Somos una especie que es capaz de explicarse de qué está hecha una estrella sin haber tocado nunca una, de cómo surgió el Universo, de lo que hay en lo más profundo del mar sin saber respirar bajo él; pero si nos extinguimos, nadie nos va a llorar”.

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