El ser humano, decía Aristóteles, es un ser político por naturaleza. La política, en su sentido más literal es histórico, es una actividad inherente y necesaria en el ser humano. Comprende una serie de relaciones entre los individuos y entre las entidades sociales. Tales relaciones regulan la vida del ser humano en un marco intersocial, intercultural e internacional.

Tales relaciones pueden ser también interpretadas en términos de pactos, convenios y, usando una terminología contemporánea, transacciones. Filósofos contractualistas, como Hobbes, Locke y Rousseau, han desarrollado una gama de teorías donde se muestra al Estado Moderno, y a los estados políticos que le han precedido, como constructos humanos: la transición de un estado de naturaleza a una sociedad civil basada en convenciones.

Dichos convenios no se han forjado de manera fortuita, sino que se han dado por la fuerza, a través de conquistas, guerras y revoluciones.

Así, la vida y actividad del ser humano se basa en convenios, tratos, transacciones o, mejor dicho, en ventas. El hombre, en todas las épocas de su historia, ha vendido. Vende, por excelencia, el producto de su trabajo y sus fuerzas mismas. Pero no es lo único; ideas, apariencias, belleza, fama, prestigio, imagen, sistemas, entre otras cosas más, forman parte de su stock de ventas. Por ejemplo, la educación en los primeros años de vida del hombre se basa en ventas; si el infante se porta bien, tendrá premio, si se porta mal, obtendrá castigos. Así, a esa edad comienza a negociar, aprende que si quiere un beneficio tendrá que pagar un precio, el cual será postergar sus impulsos y obedecer.

En un orden político y social cada miembro funge como vendedor y como consumidor, ya sea de forma simultánea o por separado en determinados momentos. Con esto comprendemos que la política se constituye por relaciones, convenciones, pactos, transacciones y ventas. Con esto damos pauta al segundo punto.

La economía es un elemento necesario en la política

La Economía y la Política son interdependientes y no aisladas la una de la otra. El consumo es órgano vital en la economía, puede potenciarla y desarrollarla, y causar grandes cambios en la política, incluso puede revolucionarlas.

En un Estado consolidado, la producción y la distribución (venta) son necesidades para sostenerse, fortalecerse y desarrollarse. Pero sin consumo la venta no es posible y las relaciones sociales se tornan complejas. Si no hay consumidor, la producción fracasa y la venta no puede ser, el orden político entra en crisis. Por tanto, es menester mantener masas humanas de consumo. Al conjunto de tales masas se le suele denominar sociedad de consumo.

La sociedad de consumo es un pilar para la economía y, por tanto, para la política. Algunos autores comentan que el consumo otorga cierto status social y estilo de vida, que satisface necesidades, placeres y lujos de los individuos, pero que también maraca una enorme desigualdad social. Que así como puede ser benévolo y factor de desarrollo, también es agresivo, esclavista y destructivo.

En respuesta a lo anterior se han creado instituciones que tienen como fin la pretensión de regular la actividad consumista y así salvaguardar las garantías de los consumidores en tanto individuos mismos. La efectividad de tales organizaciones es muy discutida.

Origen del consumismo radical y agresivo

Sin embargo, el Estado no siempre funcionó así. Sabemos que un Estado es una construcción espacio-temporal (status) de una organización política y social que buscará a toda costa sostenerse y expandirse. Históricamente, cada sistema político ha subordinado y regulado sus asuntos económicos. Pero con la llegada del #liberalismo, sustentado en un contractualismo y legitimador de la propiedad privada. Los asuntos económicos y de mercado comenzaron a tomar suma importancia. De esta forma, algunos autores señalan aquí las bases del Estado Moderno.

La gran Revolución Indistrial, el surgimiento de nuevas potencias mundiales y la llegada del siglo XX marcaron una gran revolución en el panorama político, económico y social en el marco mundial. Las guerras mundiales fueron suscitadas en gran medida por problemas económicos y mercantiles. Las depresiones económicas de la posguerra propiciaron ajustes al orden político liberal. Los estados políticos, como producto de un reajuste de la política mundial, además de ser capitalistas, poseían cierta tendencia a prácticas socialistas. Se suscitó, entre las décadas de 1930 y 1940 lo que algunos denominan La Edad de Oro del Capitalismo. La riqueza se distribuyó de una forma abundante en las empresas, industrias y entre las masas. Los empresarios y los trabajadores gozaron de bonanza, había seguridad en el empleo, además de numerosas prestaciones y de libertad sindical. Pero este panorama, no fue agradable para las élites económicas constituidas por grandes empresarios pertenecientes al sector financiero.

Así entonces, a partir de la década de 1970, urgía para aquellas élites reafirmar o reformar el anterior sistema político - económico y así constituir un Nuevo Pacto: el #neoliberalismo.

Aquella renovación política-económica, vigente en la actualidad, consiste en radicalizar hasta sus últimas consecuencias al liberalismo y construir así el nuevo orden político, donde se despojará al Estado de la regulación de la economía y del mercado, para dar libertad plena a las grandes élites empresarias y financieras, pero donde se le obligará a defender acérrimamente este sistema y establecer las mejores condiciones para la acumulación privada del capital, y restaurar y salvaguardar el poder de las élites económicas y sociales.

Así, a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, la sociedad de consumo es como cobra vital importancia y se torna una necesidad del sistema neoliberal. Las formas en las que los sistemas políticos y empresariales operan en cuanto a la creación de masas de consumo, en el proceso en las destructivas consecuencias de la creación de necesidades, donde no las hay es muy criticada y debatida. La sociedad de consumo se presenta, ya no solo vital para la actividad económica, sino también como sostén y capital de las clases dominantes.

"Desde luego que hay una guerra de clases, pero es mi clase, la clase rica, la que la está haciendo y estamos ganando" (Declaraciones al periódico The New York Times (2006) de Warren E. Buffet, una de las personas más ricas del mundo)

Es así como concluyo este escrito, con la reflexión de si el #consumismo es elemento importante para el desarollo de la economía y de la política, o de si es un simple placer de la sociedad, o es una necesidad esclavizadora creada e implementada por los actuales amos del mundo.

Si estás interesado en temas similares, te recomiendo los siguientes artículos: La Moda que está acabando con el mundo e Industrias de América Latina enfrentan debilidad del consumo interno.