Siglo VII, China. El inventor del abanico, un seranónimo, al que debemos el alivio del verano, supongo que, en un momento decontemplación, observó la anatomía del ala de un murciélago. A partir de ahí,este sencillo objeto, se extendió por todo el mundo y su uso ha sido de lo másvariado. Desde espantar moscas, decorar, y hasta comunicar en silencio.

No hace muchos años, sobre 1800, 1900, la libertad deexpresión de las mujeres, estaba fuertemente condicionada por la sociedad. Lasdamas casaderas, que solían acudir a fiestas y bailes, siempre en compañía demadres, hermanas mayores, ayas o cuidadoras, tenían prohibido hablar a solascon los mozalbetes que las miraban con ojos tiernos. Pero, el deseo despiertael ingenio y, es a partir de entonces que, como si de un idioma se tratara, seestablece un código de comunicación silenciosa, a través de estudiados movimientosdel abanico. Un auténtico código digno de estudio aún dentro de la vorágine dela tecnología.

Me llamaréis nostálgica, pero aún recuerdo a mi abuelaque, emocionada, me contaba cómo le dio el sí a mi abuelo, en aquellasinocentes tardes de baile. Un precioso abanico de encaje beige, fue elmensajero silencioso y discreto de sus amores que, tras 60 años de matrimonio, tan sólo la muerte, logró romper.

En la pequeña sala de baile del pueblo, fue urdiéndoseuna conquista silenciosa y romántica. Mientras que, un muchacho imberbe, el quesería mi abuelo, le hacía ojitos a su joven amada desde el otro lado de la sala,tarde a tarde, ella le mandaba señales con su abanico de encaje beige.

Sujeto con la mano izquierda, le decía: quiero conocerte. Pienso en ti, y se abanicaba haciendo mover su flequillo. Habíallegado el momento de verse a solas,pero cómo decírselo. Pues cerrando el abanico y tocándose los ojos con él. Elnúmero de varillas abiertas indicaban la horadel encuentro. El consentimiento delprimer beso, con el abanico a medio abrir y apoyado sobre los labios, sonrojóy llenó de esperanzas a aquel muchacho. Conservo aquel abanico y a veces, meparece escuchar todos sus secretos aquellos, que por pudor, la abuela jamás mecontó.



¡No te pierdas nuestra pagina de Facebook!!
Haz clic para leer más