Ocotepec es una población que se encuentra al norte de Cuernavaca, ha sido absorbida por la mancha urbana pero lucha por conservar sus tradiciones indígenas como es la celebración de la fiesta de muertos.

A todos los difuntos que ha habido en el pueblo durante el último año se les hace una ofrenda a la que se le llama "Ofrenda Nueva" porque también se celebran los quinquenios, pero sin tanta ceremonia.

Nueve días antes del 2  de noviembre se inicia un novenario de rosarios en honor al difunto, y el 1o de noviembre a las 12 del día, se tocan las campanas de la parroquia que indican que los muertos están en camino para visitar su casa donde los familiares se reúnen, y en una mesa larga, van poniendo ropa nueva desde el sombrero hasta los zapatos, cada familiar le dice al difunto lo que le ha  comprado y se va rellenando de pan de muertos casero, de tal forma, que al terminar de vestir "al difunto" pareciera que está tendido como cuando lo velaron, a los pies "del difunto" se coloca  su comida y bebida favoritos, su retrato más reciente, así como velas y flores.

Se hace un camino con pétalos de cempazuchitl hasta la puerta de la vivienda y se coloca un arco de flores en la entrada para que encuentre en la visita su camino hasta la ofrenda.

Al anochecer y hasta bien entrada la madrugada, todo el que quiera puede visitar la ofrenda, y a los visitantes se les agasaja con tamales, atole, café, cigarros y pan, para agradecer,  los visitantes llevan velas y rezan una oración por el difunto. En el pueblo el ir a visitar las ofrendas se le llama, "ir a cerear", por las ceras o velas que llevan y se pueden visitar tantas ofrendas como se quiera. Pero para un  buen vecino es obligación visitar las ofrendas nuevas de su barrio.

Curiosamente, don Sergio Méndez Arceo, VII obispo de Cuernavaca, cuando se jubiló se fue a vivir a Ocotepec en el barrio de la Candelaria y junto con el párroco (el cual le informaba quién era cada difunto y su situación familiar) visitaba las ofrendas de su barrio, rezaba  y les daba un mensaje de consuelo de acuerdo a lo que el párroco le había informado.

Ese obispo sí que era un pastor.



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