Durante una conferencia de prensa en Tokio, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, ha brindado declaraciones en torno al tiroteo masivo ocurrido en una iglesa bautista en Texas [VIDEO] y que ha dejado un saldo de 26 fallecidos. El mandatario ha dicho que no cree que sea necesaria ninguna regulación en cuanto al porte de armas en su país, sino que se trata de un factor relacionado con la salud mental del sospechoso. Específicamente ha dicho que basándose en los informes preliminares, el autor del tiroteo era una persona muy trastornada y que tenía problemas graves desde hacía mucho tiempo.

Asimismo, indicó que se trata de un problema de salud a nivel nacional.

Insistió en que no se trataba de un problema con la armas, que si era necesario se podría investigar pero que en realidad se trata de un problema de salud pública del más alto nivel. También dijo que sus oraciones y condolencias iban con las víctimas de este "horrible asalto". Acompañado por el primer ministro japonés, Shinzō Abe, Trump rindió homenaje a la comunidad de Sutherland Springs, un pequeño pueblo a 48 km al sureste de San Antonio.

La constitución norteamericana: La 2ª Enmienda

Según la Constitución de los Estados Unidos, todos los ciudadanos de ese país tienen derecho a poseer y portar un arma.

Aunque el Tribunal Supremo ha aclarado en numerosas ocasiones que se trata de un derecho individual pero que no se trata de algo ilimitado y sin regulaciones, el país norteamericano es uno de los pocos en el mundo con la menor cantidad de limitaciones y exigencias a la hora de adquirir un arma. De hecho, no es necesario posser ningún tipo de certificación médica que indique que el portador del arma no sufre de ningún problema de salud mental.

Después de la masacre ocurrida en Las Vegas [VIDEO], que dejó un saldo de 58 muertos, y lo ocurrido ayer en la ciudad de Sutherland Springs en Texas, muchos ciudadanos, políticos y personalidades influyentes de Estados Unidos están exigiendo una modificación en la ley de porte de armas. En muchos casos, se han hecho eco de las acciones llevadas a cabo por los gobiernos de Australia y Gran Bretaña después de ser víctimas de tiroteos masivos en la década de los noventa. En ambos casos, los gobiernos instaron a los portadores de armas a entregarlas a cambio de una indemnización y modificaron las leyes haciéndolas mucho más fuertes y exigentes. El volumen de muertes masivas por armas de fuego se ha reducido casi al mínimo desde entonces.