Las muertes violentas de personas LGBT en Brasil han alcanzado un máximo histórico después de un pico repentino el año pasado, revela una nueva investigación. Al menos 445 personas LGBT brasileñas murieron como víctimas de la homofobia en 2017, un aumento del 30% con respecto a 2016, según el grupo de vigilancia LGBT Grupo Gay de Bahía.

Las víctimas -387 asesinatos y 58 suicidios- incluyen a Dandara dos Santos, una mujer transexual que fue golpeada hasta la muerte en la ciudad de Fortaleza, en el noreste de Brasil, en marzo. Un video de ella siendo golpeada y pateada circuló en las redes sociales con sus torturadores llamándola con insultos homofóbicos.

Brasil es uno de los países más violentos del mundo, con un récord de 62.000 homicidios en 2016, pero los autores de la investigación dicen que las muertes estuvieron directamente relacionadas con la homofobia.

Luiz Mott, antropólogo y presidente de Grupo Gay de Bahía, dijo que la creciente violencia se debe en gran parte a la prominencia de los políticos ultraconservadores, muchos de los cuales están vinculados al poderoso caucus evangélico del país en el Congreso. "Es un discurso que destruye la solidaridad e iguala a las personas LGBT con los animales", dijo. Asimismo, agregó que los programas de televisión vinculados a iglesias evangélicas a menudo comparan la homosexualidad con el diablo.

La homofobia gana terreno

El habla homofóbica no es un delito federal en Brasil, mientras que las leyes estatales y municipales similares rara vez son efectivas o se hacen cumplir.

En la última década, Brasil buscó producir políticas que pudieran proteger a grupos vulnerables como gays y personas trans, pero fracasaron en su mayoría, debido a la falta de inversión o cambio en la visión de la política", dijo Jurema Werneck, director ejecutivo de Amnistía Internacional Brasil.

La violencia puede parecer en desacuerdo con la imagen de Brasil como una nación inclusiva que alberga el desfile gay más grande del mundo y donde el matrimonio gay es legal. Pero el país también tiene una fuerte tendencia conservadora: uno de los principales candidatos en las elecciones presidenciales de este año es el ex capitán del ejército Jair Bolsonaro, quien ha dicho que los niños homosexuales pueden ser "derrotados".

En marzo del año pasado, el congresista federal Victório Galli dijo en la radio que Mickey Mouse era un infiltrado homosexual y Disney era una apología de la "homosexualidad" que enviaba mensajes subliminales a los niños. En septiembre, un juez brasileño aprobó la "terapia de conversión" gay, una semana después de que se cancelara una exhibición de arte gay.

LGBT sin protección

En una nación que a los ojos de la opinión internacional parece muy liberal y abierta, al ser la cuna de uno de los carnavales más populares del mundo y en el que la homosexualidad se celebra "abiertamente", es en realidad uno de los países más conservadores del mundo y en el que la iglesia evangélica tiene poder y mucho impacto en la población e incluso en la política. Tal es el caso del presidente Michel Temer, quien ha anulado el presupuesto destinado a los programas e iniciativas de apoyo a la comunidad LGBT de Brasil.

Mientras que en 2008, el gobierno federal destinó un millón de dólares para educar a la población brasileña y de esta manera combatir la homofobia y cualquier tipo de fobia en contra de las personas homosexuales y transexuales, así como en programas de protección e iniciativas de salud y prevención para los miembros de la comunidad LGBT, este presupuesto se ha reducido en casi un 80%. La cantidad destinada a estos programas en 2016 fue de 165.000 dólares.