“Cuando tiene miedo de perder, el chavismo posterga las elecciones por años. Cuando sabe que puede ganar, las organiza en pocas horas”. Estas palabras del escritor y periodista Sinar Alvarado sintetizan lo que está ocurriendo en Venezuela. Asfixiado por una crisis económica que se ha transformado en crisis humanitaria [VIDEO], presionado por la comunidad internacional y por el descontento popular, el gobierno de Nicolás Maduro decidió, sorprendiendo a todos, adelantar las elecciones presidenciales que eran previstas para diciembre al 30 de abril. ¿Y por qué?

Una oposición peligrosamente dividida

La decisión de Maduro no está libre de intereses personales.

En las últimas horas, la Mesa de la Unidad Democrática, coalición de las fuerzas de la oposición, enfrenta una crítica situación: las diferentes corrientes se están separando. Hay quienes están a favor de las negociaciones que se llevan a cabo en Santo Domingo, República Dominica, y quienes están en contra; hay quienes apuestan a favor de un proceso electoral y quienes denuncian una posición de ventaja para el partido oficialista. La lista de probables candidatos de la oposición a la presidencia es larga, demasiado larga: Lilian Tintori, Henrique Capriles Randoski, Leopoldo López, Henri Falcon, Manuel Rosales, Lorenzo Mendoza, Julio Borges, Henri Ramos Allup, entre otros. Esta variedad se podría traducir en un aliado para el Partido Socialista Único de Venezuela (Psuv), unido en un único candidato posible: Nicolás Maduro.

La decisión de Nicolás Maduro

El anuncio inesperado de la anticipación de las elecciones fue hecho por Diosdado Cabello, número dos del régimen socialista venezolano, sancionado recientemente por la Unión europeo e investigado por narcotráfico en Estados Unidos [VIDEO], según el diario norteamericano The New York Times.

“Antes del 30 de abril, te realizarán las elecciones presidenciales en Venezuela”, declaró Cabello, haciendo referencia al decreto aprobado por unanimidad da la nueva Asamblea Constituyente (creada por Maduro e integrado únicamente por miembros del oficialismo). Asimismo, el presidente venezolano confirmó su disponibilidad a participar en la carrera electoral: “Soy sólo un humilde trabajador, un hombre del pueblo. Si el Partido Socialista Único de Venezuela cree que yo deba ser el candidato presidencial por el partido revolucionario, pues yo estoy a completa disposición. Lo haré”.

Las dudas sobre el sistema electrónico

Además, queda abierto el tema sobre la transparencia del proceso electoral en Venezuela.

En las condiciones con las cuales se presenta hoy en día, deja mucho que desear. En el mes de julio del 2017, después del voto por la Asamblea Nacional Constituyente, Antonio Mugica, administrador de Smartmatic, la empresa encargada del sistema con voto electrónico en Venezuela, confesó desde Londres que el 30 de julio las cifras sobre la participación a las urnas para la elección de la Asamblea Nacional Constituyente fueron “manipuladas”: “La diferencia entre la participación real y la que fue anunciada por las autoridades venezolanas es de por lo menos un millón de votos”. Según Mugica, “una revisión podría permitir la verificación del número preciso de votos […] Nuestro sistema automatizado está diseñado para evidenciar cualquier tipo de manipulación, pero tienen que presentarse las personas que observen el sistema e identifiquen esas señales”. En el proceso electoral del que se habla no fue permitida la presencia de observadores internacionales ni testigos de la oposición en las mesas de votación. No se le dio permiso ni siquiera a los periodistas de acercarse a los centros. ¿Quién garantiza, en cambio, que el próximo 30 de abril no ocurrirá lo mismo?