No han mejorado las carreteras en Oaxaca. Los mismos trazos se han respetado en la sierra y el autobús hace un largo trayecto para tratar de darle menos vueltas al nudo mixteco. En estas regiones no hay súper vías ni ductos; se hacen 10 horas de la playa a la ciudad.

¿Por qué no hay más desarrollo tecnológico en el transporte hacia Chiapas o Centro América. El paraíso de las bahías se disipa rápido y la tierra se vuelve arisca, reservada para otros tipos de vida con menos necesidad del agua.

No son tantas las rutas.

Hay una estación de la ADO en el Centro y se hace alguna marcha hasta la Catedral. Con suerte este año probamos la hospitalidad de una casa Airbnb situada en plena zona de turismo y vaya que lo había.

Por primera vez en muchos años había más extranjeros que indígenas. Tanto flujo contemplativo añade a un ambiente no depurado de ambulantaje y algún tirado de los que duermen en cualquier piso.

Hay un plantón en uno de sus Palacios de Gobierno. No se pueden ver los murales. En pleno jardín hay campamentos de personajes que anuncian su inconformidad con carteles pegados a la fachada.

Todo el Centro Histórico se recomienda. Hay notablemente menos coches públicos y el transporte ruidoso de los ochentas está posmodernizándose. Todo el primer cuadro tiene un piso especial. No se ven afectaciones por el temblor. Algunos detalles nada más.

Son varios días que uno puede obsequiarse aquí. Urge actualizarse con Monte Albán por supuesto y desayunar en el mercado Benito Juárez. La nota es que se ha hecho un esfuerzo importante por restaurar los murales prehispánicos.

Pletóricos todos los rumbos.

Los restaurantes de muy distintos calibres y los hoteles al máximo de su capacidad. Oaxaca inicia fuerte 2018 orgullosa de sus guisos, sus artesanos, altares y plazas.

Pasamos por varios museos: el de Rufino Tamayo, el de la ciudad, el prehispánico... quedan para otra visita el de los textiles, el de los Pintores Oaxaqueños, todos cerraron rápido en estas fechas del fin de año.

Los caminos dan todos la escuadra; cada cuadrante tiene varias iglesias; algunas órdenes religiosas conviven con una población fluctuante de comerciantes y artistas. Una de sus vías principales fue de las primeras vías peatonales y nos lleva a Santo Domingo.

Así como en la Catedral, cada elemento decorativo antiguo está en su sitio; invaluable. Sin embargo ahí, como en otras edificaciones de la época hay pinturas para las que se vuelve indispensable una valuación que determine si se pueden restaurar.

De muchas veces que hemos vuelto en la vida a esta villa encontramos con tristeza mucha gente pidiendo limosna. La mujer bien y mal vestida va con sus hijos y extiende la mano suplicante.

Ella y tantos otros quitándole o poniéndole valor a la realidad común.

Gustosos pasamos por el Museo de las Culturas en Oaxaca. El exconvento de Santo Domingo cuan vasto se ha ocupado parcialmente por colecciones que hacen el recorrido por la historia. Hay una sala exclusiva para mesoamérica.

En "El inventor de mapas": brillan los dorados de Segio Hernández

La exposición temporal del Centro Cultural de Santo Domingo invoca sus monstruos en pinturas fascinantes y entrega también cerámica.

Afuera en las plazas hay artesanías, restaurantes y un número significativo de galerías donde se merca con pinturas de caballete, arte objeto y gráfica. Siguiendo el alumbrado festivo se llega hasta el Parque Juárez transitando un museo Inmobiliario y de interiorismo.

No dudamos que hay más de una ciudad en una red de barrios, muy como en la CDMX. Recomendamos el MACO Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca para poner un paso en el futuro.

Aquí ya no hay buenos cuadros o fotografías

Al límite, nos topamos con la obra de Fernando Palma, genial artista contemporáneo cuya línea han sido presentar unos juguetes maltrechos con un intrincado sistema de funcionamiento mítico y mecánico

En PB Judith Romero con un conjunto de documentos autobiográficos montados al alfiler. Claudia López por su parte dice "Estén tus ojos abiertos", una exposición de formatos pequeños de técnica mixta.

Salir de Oaxaca no fue tan versátil. Pasamos 12 horas en un autobús a la Tapo y salvado por el último carro de la línea 1.