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Uno confronta la verdad maniquea. O eres del tipo de gente que no quiere moverse de su macho, o por el contrario, la persona que quiere ir a la luna. Los conservadores y los liberales.

En este caso, muchos aprietos nos impiden ir más lejos. La realidad se impone; en vez de aprender algo nuevo, dilapidamos tiempo y esfuerzo embrutecidos con las carreras políticas, donde se derrama el erario de modo agresivo. Sea este espacio para atacar democracia.

Nunca será oportuna una dictadura, más ¿no hemos vivido siempre una versión de la misma? Nuestro problema es el hartazgo de quién debe ser testigo del crimen a la nación, sin saber cosas elementales como si en Belice rige un Gobierno Republicano.

Este sentimiento trágico nos convulsiona.

Nos saca de nuestro centro. Nos hace pensar que afuera hay algo mejor, que amerita el tiempo electoral, hacer cómplice del Siglo XXI, para volar hasta la frontera sur.

¿Qué hay en el mundo? ¿Qué es este concepto tan manoseado de lo internacional? Es obvio que con nuestros vecinos del norte se dificulten los tratados. Nos duele confrontar que usted también debe ser un esclavo de la tecnología y no hemos sabido conducir al país, sino a la decadencia espiritual.

No compartimos el mismo sueño, aunque veamos la misma película. No podemos decir que haya algo mejor. No sin probar y con tristeza pudimos experimentar, que se puede estar mucho peor. ¡Salimos!. Por Chetumal nuestra amistad diplomática nos permite acceso sin visa, al único paso por encima del Río Hondo.

Inmediatamente la visión de la pobreza nos deposita en un estado de shock, sin embargo, nadie parece ir sufriendo.

Todo lo contrario en Belice, la gente que montó y desmontó mil veces hasta Belmopán parecía animada.

¿Como distinguir el bienestar?¿Cómo decir si un pueblo está contento? Difícil trabajo el de un presidenciable; se nota en 8 horas de excursión, que por supuesto, nadie habla de política, ni sabe cual es su lugar ante el Reino Unido, según quisimos saber.

Se marca la diferencia con México desde el km 10. De hecho fue reconfortante comprender una cosmovisión mexicana/maya representada en casas de tabique muy nuestras, que fue diluyéndose en otra forma de ver la urbanización radicalmente distinta.

Belice comparte las tradiciones de otras culturas, no la nuestra. Se respeta de modo universal el uso de vías y coches al límite, más no vimos ni un sólo coche nuevo o de lujo y de los particulares, la saturación es más al estilo de los coches chocolate.

Hay aeropuerto internacional y la Ciudad de Belice, su antigua capital, se ha reconstruido, de tal forma que cabe un radiante Hotel Radison, el muelle y concretamente el Museo del la Ciudad.

Hay un puerto embarcaciones que cruzan a Cayo San Pedro, sin embargo hace falta habituarse a la ausencia de conceptos, como el de restaurante en una sociedad que no requiere más que de una o dos banquetas.

Belice City se recorre andando y tiene muchos encantos considerando que es un baluarte de la historia. La población es básicamente negra. El flujo de turistas deja margen a muchos hombres de edad media mendigando. Vaya con cuidado son probablemente más fuertes y altos que uno.

El Príncipe Carlos Pérez me saludó dispuesto a la tarea de entretenernos. Este buen humor combinado con el ron local conduce a la escencia de una demografía, que vivió en alguna generación antigua: la esclavitud.

Hay mucha información al respecto, si le creen a Wikipedia. En los años 60, el Huracán [VIDEO] Hattie destruyó el 75% de Ciudad Belice. Decidieron entonces, en pleno proceso de independencia, construir una nueva capital con el nombre de Belmopan, a unos kilómetros selva adentro

Hoy la ciudad aún no está bien pavimentada. No hay recursos para monumentos o plazas; todo el territorio es más bien un jardín y se ha respetado el subsuelo, pues casi toda su arquitectura se sostiene sobre un pedestal.

Suponemos que los materiales de construcción se demostrarían efímeros, ante el embate de los elementos. Notamos contradictoriamente una tendencia al crecimiento, si bien no en la infraestructura de su mercado.

Desde nuestro filtro de mexicano, nos parece justo decir que la reproductividad funciona como un bálsamo en una sociedad que no nos lega ni un journal.