En la conclusión extrema de devolver el poder al ejército vino el presidente de Brasil Michel Temer, para poder hacer frente a la escalada incontrolable de violencia que está abrumando a Río de Janeiro. El crimen organizado prácticamente se ha apoderado de la ciudad.

Las fuerzas armadas como la última esperanza de salvación

Poner la seguridad del Estado en manos de las Fuerzas Armadas parece ser la única posibilidad que queda, la única esperanza de salvar a Brasil.

El decreto firmado el pasado viernes por el presidente, el general Walter Souza Braga Neto, jefe del mando militar de Oriente, ahora también es de policía militar y civil, bomberos y policía prisión hasta el 31 de diciembre de este 'año.

Es la primera vez que una medida tan radical, con consecuencias imprevisibles, es adoptada por esta joven democracia que es Brasil, nacida en 1988 después de una dictadura militar que duró 21 años. Quizás menos conocido que el chileno o el argentino pero igualmente traumático para la historia del país. En su discurso a The Nation, el presidente hizo hincapié en la gravedad de la situación y admitió que el crimen tenía ventaja sobre las instituciones. Tiene que ser erradicado, agregó, esta metástasis que se ha extendido por todo el país, llegando en el último momento para tratar de hacerlo. La seguridad de la ciudad siempre ha sido delegada a la policía, pero la violencia ha sido tan intrusa que no puede contenerla. La capital se ha sumido en una espiral de asesinatos y violencia, que ha generado unos seis mil tiroteos en 2017, según el sitio web de Fogo Cruzado, en el que murieron 700 personas.

En la práctica, 16 disparos al día con más de dos muertes, con un porcentaje creciente de 28% más que el año anterior. Solo en enero de este año ya se han producido 317 tiroteos solo en la capital, 41 concentrados en la favela Cidade de Deus.

La cultura de la violencia carioca

Los políticos y los agentes de policía tienen la certeza de que esta matanza tiene un denominador común: la tensión entre pandillas que intentan controlar el narcotráfico y la seguridad en las favelas. Desafortunadamente, los salarios de los agentes que tienen la tarea de controlar estas manifestaciones de violencia, son congelados o pagados hasta tarde por el estado en bancarrota, privándolos de los medios necesarios para combatirlo.

Turismo penalizado por episodios de violencia

La Confederación Nacional de Comercio estima que se perdieron 200 millones de euros en turismo el año pasado. Los turistas tienen miedo y no eligen un país donde la violencia está a la orden del día como su destino de vacaciones.

En los supermercados del país al menos una vez al mes hay un robo, y muchos lugareños si tenían la oportunidad, se transferirían.

El Carnaval más armado de todos los tiempos

Incluso el Carnaval no ha reservado pausas, de hecho, a pesar de los 17,000 agentes que tomaron el control de la situación, y para proteger a la gente, un 43% más que el año pasado, el último fue el más violento en la historia de Brasil. Hay videos que se han vuelto virales, que han inmortalizado tiroteos y peleas en detrimento de los turistas, y solo la gran cantidad de armas confiscadas ha obligado al Gobierno a decidir actuar. El gobernador Luiz Fernando Pezao, admitió que en esta ocasión serían incluso más militares que los puestos a disposición.