Todos los días desde 2013, Samir Salim y sus hermanos han seguido los ataques aéreos en Ghouta Oriental como parte de la fuerza de rescate de los Cascos Blancos. Pero la semana pasada, no pudieron salvar a su propia [VIDEO] madre. Durante años, Samir Salim y sus tres hermanos rescataron a vecinos y familiares inmovilizados bajo tierra tras el bombardeo en la oriental Ghouta, propiedad de la oposición Siria. Pero la semana pasada, no pudieron salvar a su propia madre.

Agachado sobre los escombros de su casa en la ciudad de Medeira, Salim, de 45 años, se arranca las lágrimas de los ojos con las manos llenas de polvo y ampollas.

"Fue una posición muy difícil. Me duele pensar que era madre de cuatro rescatistas y ninguno de nosotros podía salvarla", dice. "Mi madre estaba muy orgullosa de nosotros y de nuestro trabajo". Todos los días desde 2013, Salim y sus hermanos han perseguido ataques aéreos en Eastern Ghouta como parte de la fuerza de rescate de los Cascos Blancos. Pasan horas buscando y extrayendo residentes del enclave de la oposición, cerca de Damasco, de debajo de bloques de escombros, vivos o muertos.

Pero el jueves pasado fue diferente pues encontraron a su madre muerta.

Entre las decenas de víctimas de los ataques del gobierno sirio ese día se encontraba la madre de Salim, de 80 años. Volviendo a la pila de bloques de cemento y concreto que una vez fueron su hogar, Salim vuelve a ver el video tembloroso que capturó ese día.

En ella, su madre aparece con un pañuelo negro, su cuerpo ensangrentado e inmóvil presionado debajo de una pared derrumbada. Salim está llorando. "Salvo gente, mamá, pero no puedo salvarte. ¿Qué hago, mamá? Que tu alma descanse en paz".

Eastern Ghouta, el último bastión de la oposición en la puerta de la capital, es el hogar de alrededor de 400,000 sirios asediados. La semana pasada, aviones de combate y artillería sirios llevaron a cabo una intensa campaña de cinco días que dejó alrededor de 250 civiles muertos y triplicó ese número de heridos. Los equipos de rescate se vieron abrumados, corriendo desde el lugar de un ataque aéreo a otro con poco equipo y suministros de combustible en disminución.

Salim y su unidad se dirigían a un edificio derrumbado en Mesraba, un pueblo cercano, cuando escucharon otro ataque aéreo que golpeó a Medeira. "Tuve una sensación muy extraña. Mi corazón me decía: algo horrible acaba de suceder en tu casa", recuerda Salim, con la voz quebrada. Un equipo se fue a Mesraba [VIDEO], pero Salim se unió a los que se dirigían a su ciudad natal, llegando a nubes de polvo. "Me detuve en seco tratando de entender qué estaba pasando. Fue entonces cuando me di cuenta de que el ataque había golpeado mi propia casa".