El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, seguirá en el poder hasta el año 2025. A pesar de que su mala gestión ha puesto de rodillas la economía del país, y los venezolanos están literalmente escapando para huir del hambre, el régimen sostiene que la mayoría de los ciudadanos está a favor de que siga en el poder.

Unas elecciones sospechosas

La comunidad internacional está vez ha alzado la voz y ha puesto en entredicho la legitimidad del proceso electoral. La oposición venezolana, por su parte, pide que se lleve a cabo una nueva elección presidencial pero en condiciones de transparencia e igualdad.

La posición de Henri Falcón

Del conteo de casi todas las papeletas electorales, el presidente socialista obtuvo el 67,7 por ciento de los votos en contra del 21,2 por ciento de su principal adversario, el candidato (ex chavista) Henri Falcón.

El mismo, a pocas horas de cerrarse el proceso, anunció que no estaban dadas las condiciones necesarias para un proceso transparente. Sin embargo, el presidente del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, dijo que la “tendencia y el resultado son irreversibles”.

Falcón pidió que se repitan las elecciones antes de que termine el año 2018: “Nosotros no reconocemos este proceso electoral. Para nosotros no hubo elecciones. En Venezuela [VIDEO] hay que organizar un nuevo proceso electoral”. Al parecer, se ejerció presión en contra de los electores, muchos de los cuales fueron amenazados.

La victoria de la abstención

Más de 20 millones de electores fueron llamados a votar el domingo 20 de mayo. Según el último conteo de la comisión electoral, sólo 8.603.936 de personas votaron efectivamente.

De ellos, 5.823.728 lo hicieron por Maduro. La abstención llegó al 52 por ciento, el porcentaje más alto en la historia democrática de Venezuela comenzada en el año 1958. Durante las elecciones del año 2013, en las que Maduro se enfrentó al candidato de la oposición unida, Henrique Capriles Radonski, votó el 79,9% del electorado.

Sin embargo, Nicolás Maduro no dejó que la abstención y el descontento internacional opacaran su victoria. Se atrevió incluso a asegurar que su triunfo representa un “record histórico”. “Jamás un candidato a la presidencia ha ganado con el 68 por ciento de los votos del pueblo. Nunca nadie había acumulado 47 puntos de ventaja con su principal rival”, declaró el presidente en un acto en le palacio presidencial de Miraflores. “Hemos ganado una vez más – agregó -. Hemos ganado de nuevo. Somos la fuerza de la historia transformada en victoria popular permanente”.

Después de la jornada del 21 de mayo, en la que 14 embajadores de países americanos fueron llamados a consulta, el Gobierno de Maduro denunció un boicot “político y financiero” por parte de Estados Unidos, inspirados en “los nefastos postulados Ku Klux Klan".

El plan de Donald Trump

“Lanzamos la alarma a la comunidad internacional. Está siendo amenazada la paz mundial [VIDEO], que representa el régimen racista e intervencionista que gobierno actualmente en Washington”, declaró el ministerio de Relaciones exteriores de Venezuela. Según ellos, el gobierno del presidente Donald Trump “le da alas al odio, a la intolerancia y a la guerra política y financiera” que daña al pueblo venezolano”.

La administración norteamericana había advertido que no se quedaría de brazos cruzados frente a los desmanes de la dictadura de Maduro. El presidente Trump firmó un decreto con el cual se prohíbe la compra de títulos emitidos por el gobierno venezolano. En una nota de prensa, la Casa Blanca explicó que decidieron prevenir que el régimen de Maduro venda a poco precio lo que le pertenece a los venezolanos. “Estados Unidos está comprometido en defender a los ciudadanos venezolanos, que han sufrido muchísimo bajo el régimen de Maduro. Pedimos que se realicen elecciones libres y que vuelva la democracia”.