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El apego familiar es ese lazo transparente que existe para que permanezcas en un estado conocido y sin cambios, creando en tu vida una aparente sensación de confort. Genera que te pierdas muchas de las posibilidades de crecimiento - que nos tiene preparada la vida - y hace que las emociones no se abran a nuevas expectativas.

Desde ese estado, vemos pasar nuestros días en forma muy estática. Evitamos darle la bienvenida a la novedad, a la incertidumbre, al asombro, quedan nuestros pensamientos y el andar unidos a un pasado que en muchas ocasiones resulta doloroso, donde lo conocido hace que la esperanza y el ánimo queden en segundo plano.

Y es así, como le empezamos a dar cada vez más importancia a eso tan cotidiano y cerramos día a día nuestros binoculares personales, sin ajustar el lente a una visión más aventurera y energizada.

¿Sirve de algo?

En algunas ocasiones, el apego familiar sirve para aparentar frente a la sociedad que todo sigue igual, que la Familia feliz permanece, aunque eso signifique romper los sueños de sus integrantes.

Podríamos no darnos cuenta siquiera de que existe, lo llevamos puesto como el abrigo en el invierno o el paraguas para cubrirnos de la lluvia. Es tan sutil que - por esta razón - pasa la vida sin que le prestemos la atención requerida. Con el tiempo, puede tornarse como una situación de mucha asfixia, pero está tan amortiguada de abrazos y de otros sentimientos parecidos al amor, que hay una resistencia para verlo de frente.

Despertando a la vida

El día que hacemos conciencia de esto nos resulta tan doloroso que muchas veces preferimos evadirlo y lo ocultamos con otros sentimientos, con tal de no hacer un análisis profundo y revisarnos a fondo, así evitamos sacar a flote aspectos de nuestra vida que podrían no gustarnos.

Las personas que toman la decisión de hacerse cargo, se enfrentan a miedos, dolores, pensamientos caóticos, reviven experiencias de las que ya no querían acordarse y, por supuesto, se enfrentan a la misma familia.

Es ahí donde está uno de los dolores más fuertes, porque mientras tú quieres nadar hacia el lado de la libertad en una nueva propuesta de vida, la familia querrá, en la mayoría de sus casos, que ni siquiera lo intentes, por la sencilla razón de que ellos aunque no quieran, deben hacer también ajustes a su forma de ser y de vivir. De una forma indirecta, deben hacer cambios porque algo en su esquema familiar se está moviendo y eso hace que todos se preocupen.

Por esto es que si los otros miembros no están preparados para ese paso, verán como una amenaza al que sí lo está haciendo, lo señalarán como traidor, raro o poco normal.

Mientras más apegos existan, más adjetivos encontrarán para esa persona.

El desapego siempre genera crecimiento

Y bien, con todo esto, ¿qué es lo que se gana? ¿por qué o para qué querría alguien desapegarse de la familia y tener tantos problemas? ¿convendría quedarse donde está sin hacer cambios “raros” que sólo podrían enemistarle con sus seres queridos? La respuesta siempre es: hazlo, desapégate. La opinión familiar pasa a segundo término cuando se trata de tu libertad, hablo de una libertad emocional, la física llega por añadidura.

Cada paso que des hacia el desapego, te llevará más a tu poder interno, a reconocerte como alguien merecedor de amor y cuando lo logres, lo que irradiarás llegará a otras personas que quieren, como tú, despegarse también, incluyendo a la familia que te cuestionó por hacerlo.

Ellos, con el paso del tiempo, también podrían empezar a hacer ajustes internos que los lleven a empoderarse. En caso de que no sea así, no te preocupes, céntrate en lo que a ti te toca y no pierdas energía en lo que no puedes controlar.

Muchas veces, las familias se sostienen de apegos, no de amor. Cuando el desapego llega, no solo se rompe la estructura familiar de la que ya hablamos sino que se mide qué tan sólido es el respeto entre los miembros, qué tanto apoyo existe para quien quiere hacer las cosas diferentes.

Bert Hellinger, padre de las “constelaciones familiares”, dice que en las familias siempre hay un “buscador”, refiriéndose a esa persona que viene a romper esquemas dentro del núcleo familiar para ayudarlos a trascender. Y sí, normalmente existe un buscador o una buscadora en la familia. Si tú lo eres, felicidades, porque aunque es un camino muy solitario por lo que implica para la familia y porque eres el elemento que rompe lazos (sólo los necesarios porque los lazos de amor nadie los rompe cuando realmente existen); lo más probable es que llegue un momento en el que el dolor pasa a ser amor para ti mismo y todo el rechazo familiar lo transformas en un maravilloso camino de merecimiento.

El desapego te ayuda a trascender para que puedas lograr de una manera más fluida tu misión de vida. Agradece a tu familia todo ese amor que te dio y después suelta y confía en la sabiduría interior.