Hace meses que no tenía la oportunidad de ir a Real del Monte y esta ocasión iba a ser una de muchas, no tenía caso de ser nada extraordinario ni mucho menos especial, pero al final del día creo que fue las mejores experiencias que he tenido en este pueblo.

Iba en compañía de mis amigas, mis confidentes y mis mujeres favoritas, el caso era ir a comer unos pastes tan tradicionales del lugar y el frío se prestaba perfecto para que fueran acompañados de un rico café de olla.

Íbamos en la camioneta de Ana, mi amiga empresaria y el último álbum acústico de Ha-Ash era el soundtrack perfecto para la ocasión, dolidas, amadas, cómplices y féminas nos iban identificando con cada canción y kilómetro.

La carretera que nos llevaba a nuestro destino no estaba tan congestionada como se pudiera encontrar en época vacacional, lo que hizo nuestro viaje tranquilo y placentero, al grado que unas selfies no pudieron evitarse para conmemorar el momento.

Recomendaciones

Mi primera recomendación para mis queridos lectores viene en el aspecto de buscar un estacionamiento. Al ser un pueblo, no tan grande, nunca se sabe cuando se está bloqueando la entrada de una vivienda particular, un negocio o simplemente se encuentre uno en lugar prohibido.

Justo en la calle que baja del centro se encuentra un estacionamiento de precio razonable y en el que por unos cuantos pesos, puede uno estar seguro de que su carro no será víctima de algún delito, ni cometiendo ninguna infracción.

En los arcos frente a la catedral y el kiosko podemos encontrar un local de pastes favorito tanto de locales como de visitantes y - como referí antes - el café que sirven crea la pareja perfecta para el clima tan característico de este pueblo arriba del nivel del mar.

Subiendo por unas escalinatas no tan altas, nos encontramos con un tesoro para la vista y los sentidos que no muchos turistas conocen de este lugar y se caracteriza por ilustrar de una manera inigualable los techos rojos de Real del Monte. Unas bancas y un muro pequeño logran la atmósfera perfecta para un beso o el fondo para una foto, que en nuestro caso fue lo más apropiado.

Luego de platicar, observar las montañas que rodean la zona y tomarnos fotografías, las amigas decidimos emprender el regreso a la ciudad de Pachuca, que no tardaría más de 20 minutos.

Las nubes cubrían el cielo

Emprendí mi regreso a media tarde, el espectáculo del Atardecer es algo que uno no se puede perder por nada del mundo. Lo ideal es pararse en algún punto de la carretera y observar dicho acontecimiento, que personalmente me hizo sentirme afortunada de estar viva, para ser testigo de este evento.

Real del Monte es característico por sus pastes y su plata, por su frío y por su iglesia, pero es mucho más que eso, ya que puede ser un escenario tan rico que le roba a uno el aliento.

La gente que reside en Pachuca puede llegar a tomarlo a la ligera o dejarlo pasar de largo, pero si uno encuentra el momento ideal para ello, puede llegar a ser un sitio que atesorarán por las memorias que puede ir uno dejando en las calles, en las banquetas y en las tiendas.

Va más allá de ese pueblo que recibe turistas en temporada alta y en el cual uno puede visitar una mina, aunque claro eso no está de [VIDEO] más, pero es la gente, las experiencias y la compañía lo que puede hacer de un viaje, tan corto y simple, algo que atesorar por largo tiempo.