A su muerte, estuvo enmarcada con ropajes creados en tierras oaxaqueñas: un huipil de Yalálag, la cubrían también collares oaxaqueños, era el año de 1907.

La herencia de un baúl

50 años se cumplió la orden que dio Diego Rivera a Lola Olmedo para que se mantuviera cerrado un cuarto baúl, un baño, hasta que en 2004 Hilda Trujillo, directora de la Casa Azul, encontró la herencia: Ocho pares de medias (remendadas), seis refajos, 10 huipiles de oaxaca, una blusa negra bordada de encajes... se encontraron ahí según cuenta Elena Poniatowska. En ese escondite, cerrado desde 1954, había prendas para usar una diferente cada día durante un año, muchas fueron confeccionadas en Juchitán, en el Istmo de Tehuantepec, o en la cuenca del Papaloapan.

Frida, escribe la propia Poniatowska, compraba manta y percal en La Merced y sus faldas eran “atuendos reales”.

Andrés Henestrosa fue compañero de Kahlo en la preparatoria y, más tarde, la esposa del autor de Los hombres que dispersó la danza, Alfa Ríos, le mostró filigranas, joyas oaxaqueñas que causaron la admiración de la pintora.

Sin embargo, para conocer los vínculos de la pintora con Oaxaca no es necesario mirar al punto final de su vida, sino su inicio. El día de su nacimiento el 6 de julio de 1907. Ese día su madre, Matilde Calderón, originaria de Oaxaca, tuvo a su tercera hija, cuarta de toda la familia. Las letras que la artista dedicó a su madre son tan tiernas e inocentes como las de cualquier niña: “Mi queridicma Mamacita/deceo que paces tu dia muy feliz y contenta/ como todos los dias como estos, y resibe de tu hija muchos vesitos y abrazos muy apretados”, se puede leer en una carta que dio a conocer el 10 de mayo de 2014 el Museo Frida Kahlo.

Vídeos destacados del día

Las palabras son comunes, las ideas y los deseos también, la ortografía es mala, pero no el dibujo que acompañaba la carta, un quetzal hermoso difícil de igualar.

Wilhelm Kahlo, que españolizó su nombre y se hizo Guillermo Kahlo, eligió también su profesión por una coincidencia oaxaqueña: su suegro tenía un estudio fotográfico en la capital del Estado. El talento del alemán que llegó a finales del siglo XIX a México lo volvió uno de los fotógrafos predilectos de un hombre emblemático de Oaxaca del cual hace unos años se celebró el 100 aniversario luctuoso: Porfirio Díaz. A él le fue encargada la realización de un álbum conmemorativo del 100 aniversario de la Independencia de México. Con el dinero que obtuvo por estos trabajos, Guillermo Kahlo compró un terreno de 800 metros cuadrados en Coyoacán, en la Ciudad de México, ahí construyó una hermosa casona donde nació y creció Frida y que hoy es la Casa Azul Museo.