En nuestra cultura latina hemos recibido un sinnúmero de creencias que se convierten en estilos de vida obligatorios para sobrevivir en la sociedad del consumo y el gasto, así mismo para mantener relaciones personales que, entre comillas, “nos conectan con cariños falsos”; sencillamente, vivimos como nos dicen que debemos hacerlo.

Ahora bien, en la actualidad hay muchos mitos desarraigados y paradigmas que se han roto gracias a la nueva visión del éxito y del crecimiento personal, es decir que ya se entiende que todo ser humano tiene un propósito en la vida, que no solo es comer, trabajar y dormir; ahora podemos cumplir sueños, llenar historia con metas cumplidas y lo mejor, podemos ser prósperos y estables en todo el sentido de la palabra.

Ya no necesitamos aceptaciones sociales ni consumos innecesarios, ahora valoramos nuestro propio crecimiento del ser, las habilidades y talentos por ejercer, el amor de familia, la felicidad y el don del servicio. Las frustraciones no deben tener cabida, ya que todo es posible si es orientado de la mejor manera, construyendo una personalidad de éxito.

Dicha personalidad debe luchar contra los 'virus' sociofamiliares que por generaciones han destruido el desenvolvimiento ético del ser humano.

Virus de la Pereza:

Aunque muchos justifican el aplazamiento de actividades por categorizar prioridades, en realidad están disfrazando su pereza: la poca intención por realizar labores que les genere gasto de energía, esto no solo conlleva a frustraciones futuras sino a la pérdida de visión para el reconocimiento de oportunidades y ascensos en varios aspectos de la vida personal y laboral.

La dinámica y la intención con acción no son solo un talento sino un imán de posibilidades.

Virus de las Excusas:

De la mano de la pereza, las excusas son lamentables explicaciones a lo que no lo tiene, es decir, creamos afirmaciones que hacen parte de nuestra realidad para no tomar acción, una excusa es un hijo de la mediocridad. El tiempo es un bien invaluable que alcanza para todo, si aprendes a administrarlo.

Virus del conformismo:

Si las excusas son hijos legítimos de la mediocridad, el conformismo es el papá. Conformarnos nos impide soñar, sino soñamos nos volvemos sumisos a la realidad, lo que finalmente conlleva a sobrevivir no a realmente vivir. Es claro que tener ambición no es malo, por lo contrario, ser ambicioso nos permite ir por más, no solo en un campo económico sino en todos los aspectos de la vida, es crear oportunidades donde otros no las ven, es exigir felicidad, es cambiar para optimizar, es tener más para dar lo mejor.

Virus de la Queja:

Las palabras tienen poder, es algo muy claro gracias a la ley de atracción, cuando nos quejamos por cualquier circunstancia estamos enviando mensajes para que siga sucediendo lo mismo, la queja es una herramienta de la impotencia, cambiar una queja por la formulación de soluciones y posibilidades es lo que nos puede hacer diferentes, personas de evolución.

Virus de la Crítica:

Es aquí donde aún no se le encuentra lógica a las relaciones interpersonales, no podemos mantener un servicio con el afán de ayudar al otro, el interés va más a hacer brillar la carencia, el error, el físico o el pecado del vecino; sin entender en realidad que dichas características deben ser problema nuestro intentando verlo en los demás. La razón de la existencia del ser humano debe estar basada en un crecimiento propio para poder servir a los demás, la crítica no tiene cabida cuando se está a gusto con uno mismo.

Si logramos erradicar los cinco virus de la frustración, lograremos forjar una personalidad de éxito. Empieza con tomar la decisión y exigirte para vivir a plenitud, date tiempo para pensar tus palabras, la reacción de tus emociones y los momentos de actuar.