En el pequeño-gran centro turístico de Ozark - Missouri, todos caben, siempre y cuando abonen con su presencia a la putrefacción del la llamada "América Profunda", concepto utilizado para denominar a las áreas duras de Estados Unidos que representan, para politólogos y analistas, las costumbres más aspiracionalmente rancias de la sociedad americana en su lucha por mantener la pureza del ya moribundo american dream, con su esperanza de renacimiento económico-racial en los tiempos del resurgimiento de las corrientes de derecha y ultraderecha en el primer mundo y la inoperabilidad del sistema neoliberal. De esta manera, Ozark se plantea al espectador, como la representación paisajística metafórica que esconde más allá de su fotogenia, los cimientos del paraíso americano en los tiempos de Trump, y similares.

La trama y sus implicaciones

Es así como hasta el condado de Ozark llega huyendo el Contador-lavador de dinero Marty Byrde (Jason Bateman) trayendo de la mano a su disfuncional familia de esposa infiel, Wendy (Laura Linney), la andrógina y errática adolescente Charlotte (Sofia Hublitz), y el hijito menor Jonah (Skylar Gaerdner), este último que parece buscar su destino en las vísceras de los animales muertos, cual ocultista de la antigüedad, y del que parece fluir la metáfora ornitológica que envuelve a la serie.

¿Quién contaminó a la sociedad contemporánea? ¿Fueron las drogas o la enfermedad moral inherente a la sociedad de consumo? ¿Fue la familia del contador Marty la que comenzó a pudrir Ozark o los rancheritos que ya plantaban amapolas con permiso del sheriff local y lavaban dinero a través del bar de table-dance del pueblito vacacional para poseedores de lanchas de lujo que a su vez bien podrían ser los clientes ideales que, consciente o inconscientemente, lavan el dinero del narco mexicano Del (Isaia Morales) con sus ansias de ganar más dinero en la consultora de inversiones del buen Marty.

Un estilo propio

Ozark, sitúa su planteamiento en el lado opuesto de la Teoría del Caos que movía los engranes de su similar Breaking Bad (2008-2013), basándose en la capacidad de elección del individuo moderno y la responsabilidad que éste tiene sobre cada uno de sus actos, así, Marty Byrde y el caos que desencadena a su alrededor, no es ya producto de la maldición de un cáncer terminal personal, sino de su decisión de enriquecerse de la manera en que su entorno social lo pide, como forma de cáncer social.

Con una trama inteligente, dirigida hábilmente por el mismo Jason Bateman en varios episodios, según los créditos, Ozark utiliza con destreza la narrativa de la serie televisiva de los último tiempos tirando varias líneas arguméntales, realizando saltos temporales, subiendo la intensidad de las tramas y, por último, aprovechando el boom, de las SERIES de narcos [VIDEO] y el desamparo del hombre contemporáneo ante su desechabilidad ante la economía global. Lanzando además, al principio de cada capítulo, cuatro elementos cambiantes a manera de tarot icónico retándolo, hábilmente, a adivinar-averiguar qué sucederán en el capítulo.

Entonces todos los personajes bailan la danza de sus actos, mientras el contador Marty, explica en off a su hijito, con peras y manzanas, los macabros vaivenes de la economía global que hacen posible, y requieren desde sus cimientos del lavado de dinero.

El conjunto de personajes

(Spoiler alert) Ozark se desenvuelve a un ritmo narrativa que atrapa al espectador en una aparente lentitud de actos cada vez más inhumanos, en lo explícito de las muertes sucedáneas de varios personajes, pero también en la utilización del otro para conseguir sus objetivos.

La esposa infiel que usa a su amigo vendedor de bienes raíces para salvarse la vida una vez más , el niñito que usa a su amiguito con síndorme de down para comprar armas de alto calibre en una tienda Superstore con la mayor facilidad posible, y con objeto de proteger a su familia del narco mexicano que le ha encomendado a papá el lavado de 8 millones de dólares; el matrimonio tenebroso y prepotende de rancheros rednecks, los Snell (Peter Mullan y Lisa Emery) usando al pobre predicador Young, instalado en crisis de fe, para traficar droga en sus misas. El agente homosexual del FBI jugando con los sentimientos y anhelos del pobre looser local Russ Langmore (Marc Menchaca), tío además de la otra adolescente millenial Ruth (Julia Garner), que, cómo avatar generacional, mide poco las consecuencias de sus actos. Todos avanzando de la mano a la disolución del sueño americano como polvo de pináceas espinoso escapándose entre sus dedos.