A veces no saber actúa en nuestro beneficio. Presenciamos con curiosidad un auto sacramental en pleno Siglo XXI. Nos reciben en el Julio Castillo las actrices haciendo un contacto personal con el público que apenas imaginamos la magnitud del espectáculo.

¿Por dónde comenzar? El simple hecho de retomar los versos de la Séptima Musa implica una tarea descomunal

Tanto para quien los expresa en el contexto actual, como para quien debe digerirlos tratando de comprender la Naturaleza Humana en su transformación evangélica. Comienzan danzando las mujeres loando al Dios de las Semillas. Hay ciertos guiños en el preámbulo que nos hacen reconocer la cultura Maya, pero en cuanto abren la boca el Celo y la Religión, comienza un laberinto que nos pone en trance durante dos horas.

Es de esperarse, nos relajamos ante el portento de Sor Juana Inés de la Cruz, humildemente testimoniamos los agujeros en nuestro conocimiento, y aún sabiendo, la inteligencia de la mítica poetiza revolucionara seguramente no está al alcance del 99% de quiénes nos acercamos a la majestad de su pensamiento.

Muertos de la vergüenza leemos el texto en la red. ¡Cuan maravilloso es el principio del entendimiento! Lejos de las emociones dramáticas, empezamos a desenredar el modo milagroso como se tejen la mitología, la teología, la alegoría y hasta la crueldad, pues al final habríamos de discutir, como propone Raquel Araujo, la solución al problema de la idiosincrasia.

Narciso representa a Cristo

Es complicado comprender que al mismo tiempo también representa a la gentilidad. Este encuentra tras siglos de oscuridad a la Gracia que le dirige a ver su propio reflejo en el rostro de la Naturaleza Humana. Como en el mito, perdido en la contemplación de su belleza, debe morir para renacer de nuevo en la evocación de sus virtudes.

Anda muy de cerca el Eco, una ninfa a quién desprecia y quién le vuelve el camino azaroso en su integración con la humanidad; a su lado el Amor propio y la Soberbia; pero en esta puesta los mismos personajes hablan en maya y son al mismo tiempo son las Huestes, la Sinagoga y América.

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Pero la cosa no para ahí. De hecho el impacto bien o mal logrado de la pieza no expresa sino un periodo tardío de las andanzas del Teatro de la Rendija, que ahora reside en Mérida y es punta de lanza en el desarrollo cultural de la región; no, la historia es mucho más interesante y comienza a finales de los años 80 cuando el arte, el teatro, la investigación y el performance estaban en su apogeo.

¿Cómo saber que fue el hijo de Leonora Carrington, el Doctor Weisz, quién arrojó tras décadas de análisis dramático las bases de un movimiento de ruptura que cristalizó en la Rendija original construida por Raquel Araujo, Mauricio Rodríguez, Omar Valdés, Alejandra Montalvo, entre muchos jóvenes de la Facultad de Filosofía y Letras; discípulos que arriesgaron su pellejo auobiográfico para renovar la esencia del teatro en México?

Resulta que en los años sesenta hubo vanguardias también en las artes dramáticas, mismas que para los años 80 habían inspirado una investigación pasional sobre el origen etnográfico, antropológico y la función de lo que entendían como un proceso ritual.

La Rendija se apropia del Teatro Santo Domingo donde desarrollan las teorías de Gabriel Weisz en relación al "Teatro Personal" un modo de activar la escena primero borrando la narrativa hasta quitar al propio personaje despersonalizándolo para atacar las estructuras del poder que buscan un espectador pasivo y un show sin fondo.

Por medio de la autobiografía, de la aplicación de tendencias y un estudio crítico constante, el grupo montó con mucho éxito obras cuyo poder por un lado exaltó a las autoridades quiénes decidieron quitarles el espacio, y por otro llevó a sus artistas al límite entre lo grotesco de la intimidad y el sin sentido de una experiencia que lindaba con el mundo de los sueños y el psicoanálisis. Pasaron por el Exteresa en la búsqueda de su nueva identidad. Su alcance los llevó a Europa, Suramérica, Estados Unidos y a países en el lejano oriente. Ahora se ubican en Mérida, pero Araujo, la legítima sobreviviente, ha descansado de la intensidad que la caracterizó en sus inicios.