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Dos orígenes distintos se ponen en la línea del tiempo de finales del Siglo XIX. Pablo Picasso por una parte heredero del oficio de su padre, pintor y profesor; prodigio a su manera desde la infancia y por otro Diego Rivera, nacido de una familia de profesores en Guanajuato, que habrían preferido verlo como soldado que como creador.

La trayectoria de Pablo supone un ascenso vertiginoso y sin pausas desde sus pininos, hasta su residencia en París, cuando ya formulaba la vanguardia Cubista con su amigo Braque. Ahí fue donde conoció al mexicano, ambos extraídos de su tierra natal.

Para nuestro Diego la cuesta arriba no fue tan simple, pero fue beneficiado por su capacidad y becado para proseguir con la carrera del artista, que por entonces se constreñía a asimilar - en primer término - el oficio de la pintura de caballete.

Rivera pasa por un adoctrinamiento breve en la Academia de San Carlos en México, donde convivió con Jo. María Velasco y Murillo; también pasó por la Esmeralda; ahí asistió a los cursos de Fabrés, Gedovius y Ruelas y pintó en 1906 su primer autoretrato.

Brevemente fue impulsado por el Gobernador de Veracruz Teodoro Dehesa para que estudiara en la Academia de San Fernando en Madrid, antes de irse de lleno sobre la vanguardia Parisina. Formó parte de la Societé des Indépendants, mientras México y Europa comenzaban a prepararse para la guerra.

Regresó para exponer en San Carlos con motivo del centenario de la Independencia, pero decidió regresarse a Montparnasse participando activamente con diversos grupos hasta que en 1914 por mediación del chlieno Zárate comenzó una calorosa amistad con el español.

Para entonces el de Málaga ya era muy conocido.

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También tocó la Academia de San Fernando, antes de ir a Francia donde pronto su obra comenzó a venderse por conducto de Berthe Weil y su amigo Pedro Mañach en la galería de Ambriose Vollard, quienes le dieron aire para que continuara su carrera primero dedicada a la vida de los oprimidos, o azul; y luego a la rosa cuando se aleja del clasicismo para emprender un regreso a lo primitivo con las señoritas de Avignon.

Características del arte

La muestra destaca con trabajos previos estas experiencias y luego se centra en la relación que hubo en la fusión de ambos bajo la influencia del cubismo, técnica con la que Picasso innovó, si bien derivó de los movimientos vanguardistas reaccionarios y antibélicos de aquellos tiempos.

Discutieron mucho de pintura los amigos antes de romper, porque comenzaban a parecerse mucho sus abstracciones teórica y materialmente. Se descubre a este efecto una serie de entrevistas, donde ambos decían que el otro plagiaba modos y técnicas de generar efectos y contenidos sobre el canvas.

La finalidad de la muestra Picasso y Rivera en todo caso no contempla sólo el asombro de las pinturas de la etapa juvenil del Cubismo, si no que entiende este punto de contacto como parte aguas para explicar porqué una década más tarde, ambos pintores meten reversa y regresan a lo clásico uno, a lo prehispánico el otro para responder a las necesidades de la sociedad.

Diego Rivera apenas llega, aterriza en un mudo rico en color y el milagro mexicano lo motiva a regenerar la visión misma de la estética plástica en su relación con la arquitectura. Se descubre así el muralismo como un regreso cósmico a la autenticidad y - por un momento - se desplaza la verdadera aportación del arte a México, como un instrumento político y no una mercancía para la burguesía.

Pablo Picasso regresa a lo greco latino para expresar por medio del grabado la monstruosidad fundida con la belleza, la simplicidad de la línea con la denuncia de las atrocidades del carácter humano. Con esta tendencia, retoma lo propio y se prepara para el Guernica como colofón de una etapa de unidad entre lo tradicional, la mitología y la crítica.

Para finales de los 30, en ambos casos, la teoría del arte comenzaría sembrando las bases de la ruptura, con el uso de arte como instrumento político; los ideales del muralismo brillaron aún antes de que el quebranto fuera necesario ante la globalización. Muere Diego sin terminar su obra, en cambio Picasso continúa innovando a su manera y desinnovando cuando le resultaba oportuno.