Un tema imperante, fecundado en el ocio, el cual pretendo analizar. Considerar el concepto de moda, en cualquier momento de la historia, va estar arraigado siempre a dos conceptos que van de la mano: belleza y modernidad.

Palabras escabrosas si no se abordan correctamente, sin embargo, vayamos por partes. Lo primero será abordar, para hacer menos enredado este análisis de lo que ya es, la “modernidad”. Esta en fines prácticos consiste en extraer de lo transitorio lo que puede ser eterno. Este es el punto amalgama con la Moda.

La moda coexiste en la modernidad, gracias a esto es transitoria, lo que la hace moderna, sin dejar a un lado lo eterno, los tonos “retro”.

Así ha funcionado siempre, como Baudelaire lo describe, incluso en los pintores clásicos existe algo moderno.

Vaya que tiene razón, ya que en estos cuadros se retratan los trazos transitorios que se volverán parte de lo trascendente. Así, con el mismo descaro que lo pienso, en el siglo XIX se empieza a ver, sobre todo en la pintura, una pereza de observación (lo cual afecta considerablemente a la moda) ya que es más fácil reproducir las líneas - ya aceptadas por la sociedad - que disfrutar la belleza extraña del momento.

Ya que nombramos a la belleza, he debido explicar ¿qué es esto?. Sin embargo, antes de empezar tengo una pregunta que me intriga: ¿si te dieran a elegir entre que te digan feo toda la vida, a que te digan que eres un desgraciado? ¿qué elegirías?

La mayoría de la gente, no me gustaría dar por sentado que todos, elegirían ser nombrado desgraciado, y ¿por qué no? Es una estampa divertida: el clásico malo pero guapo.

Así es, la belleza es importante en este mundo, pero, ¿qué es?.

Una de las definiciones más creíbles, tomando en cuenta que tan subjetivo es el concepto, es que la “belleza” es ya conformada de dos partes que se contraponen y nutren. Exacto, como la misma “modernidad”.

La moda eterna y la moda transitoria

La belleza es moderna. Por ende, la moda es bella. Sí, por más que se nos haga hilarante los trajes de los franceses en el siglo XVIII o los calentadores en los 80’s; incluso los cabellos color arcoiris, dentro de los temas ya abordados, son hermosos. Parte de esto es transitorio e incluso pueden transformarse en eternos.

Por esta razón, siempre tendremos lo retro, sin importar cuantos años pasen, y su necesidad de retomar las líneas base del estilo (lo eterno), agregando las esencias transitorias del momento; las cuales, quizás lleguen un día a formar parte de la eternidad, esa a la que recurrimos tanto.