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En torno a la figura de Carlos Pellicer, giró de 1928 a 1932 un grupo de escritores denominados Los Contemporáneos, en honor a la revista literaria en la que participaron de manera directa, entre otros: Jorge Cuesta, Gilberto Owen, Xavier Villaurrutia, Enrique González Rojo, José Gorostiza, Jaime Torres Bodet. Y, de manera indirecta, Carlos Chávez y Rufino Tamayo.

Hacia 1932, Jorge Cuesta en su ensayo “¿Existe una crisis en nuestra literatura de vanguardia?” define los elementos constitutivos del grupo literario: “Quienes se distinguen en este grupo de escritores tienen en común con todos los jóvenes mexicanos de su edad, nacer en México, crecer en un raquítico medio intelectual, ser autodidactas, conocer la literatura y el arte principalmente en revistas y publicaciones europeas.” [1]

Los Contemporáneos contaron con el impulso material de su mecenas José Vasconcelos e impulsan dos revistas: La Falange y Contemporáneos, donde inician una crítica formal a las artes plásticas y abren nuevos horizontes temáticos y conceptuales para la pintura mexicana.

Además de redefinir el nuevo periodismo político y cultural, leen y traducen a Breton, Pround, Eliot y Cumings, entre otros.

De igual manera, contribuyen a la modernización del Teatro Nacional, haciéndolo más dinámico y vanguardista en tanto a su técnica. El caso de Xavier Villaurruria y Salvador Novo en la cinematografía y el Teatro es magistral: fundan el primer cineclub de México y realizan los primeros sketches de Teatro frívolo.

Así pues, Carlos Pellicer (Tabasco, 1897- Ciudad de México 1977) es la perla de los Contemporáneos, distinguido por ser un extraordinario narrador de la geografía física. Pellicer, reconstruye línea a línea cada caudal, cada estema, cada meseta, cada montaña desde un sentido amoroso, religioso y humorístico. Su impresionante método de observación directa nos hace sentir el relieve, la hidrografía y la orografía de una manera vívida que evoca el sentido del tacto, la vista y el olfato.

En 1921 publica Colores en el mar y otros poemas; en 1933 Esquemas para una oda tropical; en 1937 Hora de junio y en 1962 se compilan por primera vez sus obras completas en Material poético.

Pellicer no sería el primero que describiera poéticamente la belleza de la naturaleza, pero sí sería el primero en México en atreverse a capturarla de una manera tan limpia y pura, como cuando describe el momento en que el mar se ofusca a la caída del sol en Veracruz. El uso de las analogías también es un elemento a resaltar en su poesía, en “Alba del Puerto,” observamos cómo el poeta asemeja el despertar del mar en el alba como el de la vida en la juventud.

Dos versos de Pellicer

En 1914, desde Veracruz escribe “Momento marino,” una sutil mezcla entre naturaleza y poesía:

“Cae el sol vertical!

y el nervioso cristal

de las ondas se ofusca y parece que reta

a las flechas de luz que combaten la sal.”

En 1915 desde Campeche, Pellicer escribe “Alba del Puerto,” donde evoca poéticamente el paisaje que lo rodeaba:

“Desmesuradamente se abría la mañana

como un alma sincera ante una multitud.

Las velas de los barcos eran de porcelana

y el mar se despertaba como la juventud.”

Notas

Los versos citados son tomados de Carlos Pellicer. Poesía. México, FCE. Edición preparada por Luis Mario Schneider, 1981.

[1] Cuesta, Jorge. “¿Existe una crisis en nuestra literatura de vanguardia?” (1932) en Poemas y ensayos. México, CONACULTA, 1991, pp. 273 y ss.

Mis recomendaciones de la semana:

Hubert Malina, poeta me’phaa, invita a no dejar morir las lenguas originarias,” de Ana Luna. y “129 años de Ramón López Velarde, poeta del nacionalismo mexicano,” de Julio Solís.