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Colorido, magia y tradición

El próximo 27 de octubre de 2017 se estrenará en las salas nacionales una película animada muy peculiar por parte de Disney Pixar, la película Coco [VIDEO], dirigida por Lee Unkrich. Es la primera vez que la productora abandona las temáticas más generales y se centra en una historia netamente mexicana. Esta película nos cuenta la historia del niño Miguel Rivera, a quien su sueño de convertirse en un músico famoso lo lleva a la tierra de los muertos, donde ha de vivir grandes aventuras junto con sus seres queridos fallecidos y su perro Dante.

El planteamiento genera reservas, ya que antes nos dejamos un poco llevar por la expectación que generó una obra previa en la que una estética llena de calaveras, velas, pan de muerto y flores de cempasúchil al por mayor, nos hicieron albergar la esperanza de atestiguar la historia que siempre creímos merecer por parte de los EEUU después de décadas ininterrumpidas de una perenne imposición del Halloween.

Pan de muerto agridulce

En 2014, se estrenó la película Book of life [VIDEO] (El libro de la vida), que fue el primer largometraje de animación CGI que abordaba la temática del Día de muertos. Nos presentaba igualmente la fiesta del Día de Muertos con humor muy hollywoodense, lo cual resultaba pasable y hasta cierto punto lógico, sin embargo, la apoteosis de vivacidad que proyectaban las animaciones y la muy buena historia, actualización del arquetípico mito de Eurídice y Orfeo; no fueron suficientes argumentos como para pasar por alto otros aspectos que en definitiva desagradaron al grueso del público.

Para empezar, si bien se eligió a Diego Luna como una garantía para conectar con el mercado mexicano, un enorme desacierto fue el presentar todo desde un punto de vista, más que mexicano, México-americano, que es la procedencia de Jorge R. Gutiérrez, director de la película y autor del concepto.

Diversos clichés a lo Robert Rodríguez como el México necesariamente rural, imprecisiones culturales tan sutiles, pero a la vez esenciales como nombrar a la festividad Día de los Muertos en vez de Día de Muertos. Y qué decir de la mezcolanza de deidades, o más bien, deificación de personajes apócrifos: Xibalbá, de la cultura Maya, que era un lugar y no un dios; enredado en amores con La Catrina [VIDEO], personaje dibujado por José Guadalupe Posada, originalmente sin nombre y bautizado así por el pueblo. Y ojo, que en la versión original La Catrina es llamada simplemente La Muerte.

De esta forma, y pese a la gran expectación que la obra generó en su momento, no dejó del todo una buena impresión, aunque en definitiva se agradece el intento.

¿Nos podemos volver a ilusionar?

En definitiva, pareciera que Pixar se ha preocupado tanto por pulir a tal grado la versión que presentará en el mercado mexicano, que no ha tenido reparo en hacerse de los servicios de un star talent tan nutrido como sui géneris.

Ya que, aparte de actores mexicanos que prestarán su voz en la versión original, en el doblaje que llegará a los cines mexicanos, escucharemos también al rockero ancestral Jaime López, al escritor Juan Villoro o incluso a Benito Taibo, hermano del escritor Paco Ignacio Taibo II y actualmente director de Radio UNAM.

Pixar se caracteriza por presentar guiones impecables e historias que verdaderamente causan una inmersión por parte del espectador, quien a la postre las adopta y las convierte en parte de su vida cotidiana gracias a esa efectividad y potencia tanto visual como narrativa que Pixar suele transmitir a través de sus personajes, los cuales se erigen en iconos de la cultura popular.

La cuestión aquí es que, al menos actualmente, la cultura popular tiene muchos más elementos extranjeros que mexicanos, bajo el argumento de que en la era digital somos ‘ciudadanos del mundo’. Si Coco logra conectar con el gusto y las emociones del público mexicano, estaríamos atestiguando la revitalización de una entrañable festividad mexicana de origen prehispánico, y todo gracias a la infusión de la misma en el gusto de las generaciones más jóvenes; paradójicamente, por parte de una industria cultural que se ha encargado pian pianito de fagocitarla sin dejar, valga la expresión, ni siquiera ‘los huesitos’.

El beneficio de la duda

Nuestra función como consumidores, que al final eso somos, en tanto que una superproducción como esta no se va a pagar sola, es acudir a las salas de Cine a atestiguar lo que podría ser ese empujoncito que le hace falta al Día de Muertos (considerado por la UNESCO como patrimonio inmaterial de la humanidad) para consolidarse en el gusto de las masas, a veces aturdidas por el bombardeo cultural foráneo.

Hay que decir, que ya desde unos años para acá se viene atestiguando un repunte de la festividad, sobre todo con la comercialización de las imágenes de calaveras y la cada vez más popular práctica del cosplay de Catrina y Catrín que se promueven en el contexto urbano, pues, en honor a la verdad, también hay que decir que las poblaciones del interior de la república donde la tradición está arraigada, ésta se celebra siempre con la misma intensidad y sin prestar atención al vertiginoso mundo de la cultura de masas.

coco podría convertirse en una película digna de verse cada Día de Muertos, tal vez no con el estatus de Macario, pero sí creando su propio mito, y, sobre todo, siendo el mejor curso de inducción a tan bella festividad, para que los más pequeños se acerquen a ella.

Ahora que, eso sí, esta sorpresiva reivindicación del Día de Muertos por parte de Hollywood (segundo intento), nadie la pidió, y, sin embargo, se agradece, pues tampoco está de más acudir a ella sin prejuicios y posiblemente llevarse una muy agradable sorpresa.