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Memoria, Historia, Olvido.

Cuando recuerdos múltiples de la vida diaria interactúan con el recuerdo único del acontecimiento pasado, se marca la memoria colectiva en el espacio social. La memoria, es la evocación del sujeto que rememora al materializar lo intangible y hacerlo estallar en el espacio en forma de un memorial, lugar creado en el espacio físico para rememorar. El recuerdo, por su parte, captura la esencia de las cosas en el tiempo, por ejemplo, la fotografía, el guardapelo, la prenda del ausente o el dije, que permite evocar el pasado, así, entre memoria y recuerdo lo que estaría en juego sería el rememorar y el recordar como actos profundamente humanos.

El Memorial 68 del Centro Cultural Tlatelolco de la UNAM, es un es un ejemplo de la materialización del recuerdo en el espacio porque brinda un significado al mundo de los muertos para que no perezcan en la hoguera del olvido, por ello el testimonio es importante para poder plasmar la vitalidad del pasado ante la mirada cautivada del espectador en el presente, que indudablemente queda trastocado por el clamor de aquellos que ya no están entre nosotros pero cuyas voces aún resuenan en forma de justicia.

Recordar como una práctica de justicia social

Yosef H. Yarushalmi en sus Reflexiones sobre el olvido, se cuestionaba pertinentemente si “¿es posible que el antónimo de “el olvido” no sea “la memoria” sino la justicia?” y cuando uno entra al Memorial 68 parece imposible no sentirse trastocado con esta consigna de justicia social de los estudiantes caídos aquel 2 de octubre de 1968, particularmente porque sus consignas aún siguen teniendo eco en nuestro presente, en la memoria colectiva de México, donde existe la voluntad de recordar para no olvidar, misma que hoy levanta su esfinge en un memorial como arma letal contra los militantes del olvido.

El memorial 68 mantiene una doble representación en nuestros días, por un lado, representa el esfuerzo histórico de organizaciones civiles, agentes e instituciones, que junto a los sobrevivientes y familiares de las víctimas son la voz de aquellos que ya no habitan entre nosotros, porque fueron marcados por la estela de una muerte trágica y despiadada.

Pero, por otra parte, nuestro memorial 68 está localizado en el corazón mismo de Tlatelolco, conviviendo con un espacio cargado de historicidad, la Plaza de las Tres Culturas, donde el Centro ceremonial Tlatelolco, importante bastión del comercio mesoamericano, se erige imponente ante el Templo de Santiago Apóstol, construido en 1527 con las piedras, el sudor y la sangre de los vencidos. Rodeado por edificios contemporáneos, que dan cuenta de la modernización arquitectónica de México, la cual quedó por siempre impregnada de la sangre derramada en sus muros desde aquel lejano 13 de agosto de 1521, hasta aquel cercano 2 de octubre de 1968.

El Memorial en Tlatelolco

El Memorial 68 fue ejecutado por Sergio Raúl Arroyo, quien se acompañó del museógrafo Alejandro García, del historiador Álvaro Vázquez Mantecón y del cineasta Nicolás Echeverría, quienes a comienzos del año 2006 emprendieron el programa operativo que culminaría en la creación del actual Memorial, inaugurado con motivo del 40 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

El proyecto se emprendió con la idea inicial de dotar al Movimiento estudiantil del 68 y a los acontecimientos ocurridos el 2 de octubre del 68 de una significación propia, al margen de un monumento a las víctimas, por lo que se buscó dotar al espectador de un sentido de vínculo entre su pasado y su presente, anhelo que pudo realizarse mediante el tránsito entre los objetos que albergan el recuerdo hacia algo más conceptual dotado de significación propia, para lograr que el espectador se cuestionara frente a lo que aparece ante sus ojos y lo motivara a tener una nueva aproximación al pasado, mediante un ejercicio de cuestionamientos que giran sobre el cómo debería ser abordado ese 68 más allá del discurso puramente historiográfico. Tzvetan Todorov ya mencionaba la importancia de este quehacer cuando afirmaba que “el buen uso de la memoria es aquel que sirve a una causa justa, no el que se conforma con reproducir el pasado,” de esta manera, el Memorial 68 recupera el anhelo de que el testimonio perdure en el presente no como un discurso sino como una práctica de justicia social concreta.

Mis recomendaciones de la semana.

2 de octubre de 1968, una fecha que en México todavía no se olvida,” de Figaredi Bradock.

José Revueltas, el escritor rebelde,” de Luis Leobardo Hernández Sánchez.